Qualcomm desarrolló en los años 90 una tecnología conocida con las siglas CDMA, que permitía las telecomunicaciones móviles. Fue adoptada por Estados Unidos y Japón, pero no por Europa, donde prevaleció un estándar propio. Las nuevas exigencias de capacidad de la red de telefonía móvil dejaron pronto obsoletos los estándares de los 90. Tuvo que desarrollarse uno nuevo, el WCDMA, que es el que sustenta la telefonía móvil con servicios de valor añadido -conexiones a Internet y transmisión de sonido, imágenes y vídeo-, todo ello a velocidades que se aproximan a las del ADSL doméstico.
Qualcomm no participó en el desarrollo de la WCDMA, pero su tecnología era insoslayable en la nueva opción, de modo que comenzó a percibir cuantiosísimos ingresos en concepto de royalties. Los fabricantes de móviles europeos han sido los principales instigadores de este proceso, con el objetivo de aliviar la carga de las licencias que pagan a Qualcomm.








