
LA FICHA
Unai comenzó a jugar en el equipo del pueblo, del que pasó a las categorías inferiores de la Real Sociedad. Era centrocampista, «un zurdo tecniquillo», como él mismo se calificó en su día. Tenía calidad, pero le faltaba chispa, ese punto de fuerza y efervescencia sin el cual es imposible afianzarse en Primera. El actual entrenador del Almería fue superando todas las cribas de Zubieta y en la temporada 1995-96 debutó con el primer equipo, en el que sólo acabaría jugando cinco partidos. Fue Salva Iriarte el que le dio la oportunidad. El actual director deportivo de la Real Sociedad recuerda bien a su antiguo su pupilo. «Era un chaval que vivía para el fútbol. Le encantaba. Se interesaba por todo lo que hacías. En cierto modo, ya se le veía encaminado para ser entrenador», dice Iriarte, que este verano, aparte de negociar el traspaso de Juanito, tuvo un par de largas conversaciones con el entrenador hondarribitarra. Más que nada para pedirle consejo sobre los sistemas de navegación en los mares de Segunda.
El periplo
Desechado por la Real, Unai Emery tuvo que buscarse la vida lejos de casa. Fichó por el Toledo, donde estuvo cuatro temporadas y conoció a Gregorio Manzano, un 'self made man' de los banquillos del que aprendió mucho; lo mismo que de Luis César Sampedro, actual técnico del Polideportivo Ejido, que le dirigió en el Racing de Ferrol. Fue durante su estancia en tierras gallegas cuando el jugador guipuzcoano se puso manos a la obra en un proyecto inaplazable: sacarse el carnet de entrenador nacional. Las cosas se le dieron bien. Al cabo de tres años, en 2003, cuando fichó por el Lorca tras una campaña en el Leganés, Unai Emery no sólo era un futbolista con muchas tablas en Segunda sino un entrenador de categoría nacional.
Pedro Reverte, director deportivo del club murciano, decidió aprovecharse de ello en un momento de crisis. «No sólo se trataba de que tuviera carnet de nivel 3; algo poco habitual en un futbolista. Es que a Unai se le veía de lejos que era entrenador. Se conocía a todos los rivales, se interesaba por todas las novedades que un técnico podía incorporar a su trabajo, ya fuera en nutrición, en fisioterapia... En cualquier cosa. Hombre, yo sabía que a más de uno le iba a parecer extraño, pero la verdad es que no lo dudé», explica. Reverte se refiere a su arriesgada decisión de entregar a Emery las riendas del equipo en mitad de la temporada, tras la destitución del entrenador. Cuando se lo planteó, el jugador vasco no pudo ocultar su sorpresa. «¿Joder, Pedro!», exclamó.
Emery, sin embargo, no necesitó pensárselo mucho. Una vieja lesión de rodilla le impedía rendir a su nivel, comenzaba a sufrir el destierro del banquillo y, de repente, se le presentaba una oportunidad tan bonita como insospechada. No podía dejarla escapar. De este modo, cogió al equipo y comenzó a preparar el partido contra el Ecija del domingo siguiente. El Lorca no había ganado fuera en toda la temporada y el viaje a Sevilla no auguraba nada bueno. Una contundente victoria por 0-3 dejó claro que el nuevo míster había entrado con buen pie.
Iñaki Bea, compañero y amigo de Emery en el Lorca, lo recuerda bien. «Al principio todos nos sorprendimos un poco. No es normal que te pongan de entrenador a un compañero. Pero Unai fue un gran revulsivo. Aparte de que estaba muy bien preparado, él siempre ha tenido mucha mano izquierda. Desde el primer día se ganó a la plantilla. 'Sois los mejores', nos dijo. Y los resultados fueron espectaculares. De hecho, ese año acabamos ascendiendo», explica el central del Valladolid, que ve muchas similitudes entre Emery y su actual entrenador, José Luis Mendilibar. «Sus métodos de trabajo son distintos. 'Mendi' es más de chispa, de entrenamientos cortos e intensos. Unai es más de video y de nuevas tecnologías. Pero se parecen en que ambos son muy profesionales, están las 24 horas del día pensando en fútbol, no se casan con nadie y apuestan por un fútbol valiente», dice.
Ascenso histórico
Los resultados acabaron por bendecir a Unai Emery. Lo suyo fue un éxito inmediato y rotundo. Todo un pleno. Pocos meses después de hacerse cargo del Lorca, le ascendió a Segunda en aquella histórica prórroga frente al Real Unión en el Stadium Gal. No dejó de ser paradójico que el nieto del 'Pajarito' Emery ocasionara al equipo irundarra uno de los mayores disgustos de su historia. Pero el fútbol tiene estas cosas y Unai Emery iba lanzado. La siguiente temporada convirtió al Lorca en la revelación de Segunda; tanto que, contra todo pronóstico, llegó hasta la última jornada con posibilidades de ascender a Primera. Fichado por el Almería la pasada campaña, Emery le devolvió a Primera después de 26 años de ausencia en la máxima categoría.
Se daba el caso, además, de que el técnico guipuzcoano no se limitaba a ofrecer soberbios resultados. Sus equipos, cortados en torno a un 4-2-3-1 o un 4-3-3, también ofrecían un fútbol ofensivo y valiente, muy del gusto del espectador. Y es que Unai Emery se marcó una línea y la defiende a ultranza. «Para mí el equilibrio ofensivo es tan importante como el defensivo. Hay entrenadores que están encantados con el 0-0. Yo estoy encantado con el 5-5. La esencia del fútbol es el juego, y el juego es espectáculo. Consigo lo mismo y el público disfruta», declaró días después de debutar en la máxima categoría con un estruendoso 0-3 en Riazor.
Que esta declaración de intenciones no era pura palabrería lo demostró Emery en el Santiago Bernabéu, donde su equipo, jugando con un descaro sorprendente, fue muy superior al Real Madrid aunque acabara perdiendo. «Es muy atrevido. El equipo juega igual en Segunda que en Primera. De hecho, salvo tres o cuatro nuevos, los jugadores son los mismos que el año pasado. Tira la defensa a 15 metros del área, junta mucho las líneas, presiona muy arriba y no deja nunca de mirar la portería contraria. Y aunque la derrota ante el Racing nos ha dejado a todos un poco tocados, estoy seguro de que el míster no va a cambiar de estilo», sentencia Javier Gómez Granados, cronista de 'El Ideal' de Almería.
El aspecto personal
La línea Emery se percibe también en su apuesta por un tipo de jugador muy determinado. El entrenador guipuzcoano tiene muy claro el perfil de futbolista que desea para su equipo. Cualidades técnicas aparte, debe ser serio, sensato, comprometido y muy profesional. «Con una vida ordenada y la cabeza bien puesta. No quiere jugadores que se salgan del tiesto», aclara Gómez Granados. Iñaki Bea confirma las palabras del periodista almeriense. «Unai estudia muy bien los fichajes y da muchísima importancia al componente personal. A algunos jugadores, por buenos que sean, no los tendría nunca en su equipo. Es que a él le gusta tener una buena relación con el futbolista. Da mucha confianza incluso a los suplentes. Eso sí, luego no se casa con nadie. En eso es frío e inflexible, muy profesional. Yo era íntimo amigo suyo y en los dos primeros partidos que jugamos en Segunda con el Lorca no me puso», recuerda.
Este domingo, Unai Emery tiene una de esas citas que animan a cualquier entrenador de fútbol. Visita La Catedral por primera vez. La cosa tiene algo de bautismo. Txuriurdin de corazón, sabe lo que se cuece en San Mamés. Conoce muy bien al equipo de Caparrós y al propio técnico de Utrera. En los últimos días, requerido por la prensa vizcaína, ha tenido palabras de respeto hacia la filosofía del Athletic, ha expresado su admiración por varios jugadores rojiblancos y ha dejado bien claro que el Almería saldrá a vencer y convencer. Desde su despacho en la sede del Lorca, Pedro Reverte lanza una advertencia: «Que el Athletic se ande con cuidado porque el Almería tiene mucho peligro. Emery es muy ambicioso. Yo estoy seguro que acabará entrenando a un grande; tan seguro como que querrá hacer algo grande en San Mamés».









