Pakistán atraviesa un momento complicado debido especialmente a la proliferación de grupos extremistas. El pasado 20 de septiembre, Osama bin Laden llamó a la yihad (guerra santa) contra Musharraf y desde que en julio el general ordenara asaltar la Mezquita Roja -con un saldo oficial de cien muertos, según el Gobierno- las regiones fronterizas con Afganistán están en pie de guerra. Doscientos mil soldados tratan de llevar acabo «la lucha contra el terrorismo», que Estados Unidos exige a Pakistán, pero la respuesta en las zonas tribales cuesta demasiadas vidas.







