Según los testimonios de los trabajadores, varios encapuchados entraron armados en la joyería, les intimidaron y les obligaron a abrir los cofres donde guardan objetos valiosos. Joyas y relojes forman el botín que, en una primera evaluación, tiene un valor de en torno a los diez millones de euros. Pese a la tensión vivida durante el asalto, ninguno de los empleados sufrió daño físico alguno.
Los atracadores se dieron posteriormente a la fuga sin que por el momento haya indicaciones de cómo consiguieron abandonar la joyería sin llamar la atención entre las personas que estaban en el exterior del establecimiento.







