
El riego sí es constante en la más leída de las secciones de los armazones periodísticos en papel, y EL CORREO no tiene por qué representar una excepción: las cartas al director. Este periódico se ha venido ocupando generosamente del Auditorio: desde las misivas de los espontáneos francotiradores hasta las que firman, sin pizca de sentido de la vergüenza, los paniaguados que han vivido, y bebido, de las subvenciones del alcalde que se nos despidió en junio. Algunos, cachondamente, lo 'argumentan' todo en la posibilidad de que el bueno de Navarro Baldeweg posea un metro y lo sepa emplear, como diciendo que si JNB se empeña lo que en tamaño no cabe terminaría entrando al final en la Senda. A puros forceps.
Y se quedan tan frescos, como el otro artista cuyo nombre omito por hacerle un favor que nunca me agradecerá, y que curiosamente totalizó hasta los 2.564.820 euros exactos lo que, sólo según él, el hoy alcalde Patxi Lazcoz y el todos estos años portavoz peneuvista Mikel Martínez 'no van a dudar en tirar a la basura, simplemente por fastidiar un proyecto que ya está hecho'. Impresionante carta, la titulada 'Sangrante Auditorio', en la que el autor en cuestión tiene el valor de espetar a los líderes municipales de PSE y PNV que «lo podían haber dicho mucho antes de haber pagado facturas con el dinero de todos».
Les confieso un secreto: a estas alturas del tercer milenio, y de esta ciudad, si hay un tema que se me resiste, que me aburre, que se me antoja superior a las fuerzas de que dispongo, es este del tan obsesivo Auditorio de la razón social AAA-JNB. A base de agotarme todo lo que un aries puede permitirse -que les juro de corazón que es bastante-, le he dedicado a esa obsesión ideada para la Senda por un alcalde egocéntrico que no parecía enterarse de que sólo contaba con la tercera parte de los concejales y de los votos, no menos de ocho artículos en estas páginas. Y creo que nunca con frivolidad, sino mostrando pruebas, argumentos, cifras, datos, análisis
Pero es que, al final, ese dichoso grupo tan pegado a la incombustibilidad me puede, al no dudar en emplear presuntos 'argumentos' como el mencionado: ¿ahora resulta que la culpa de tantos derroches no la tiene quien dilapidó , sino los que se opusieron a que lo hiciera! Hay que tener, desde luego, bemoles. Rostro de hormigón.
Porque a mí, que me esfuerzo en conservar papeles, no me salen dos millones y medio de euros enterrados, sino más de cuatro, en aquel nonato Palacio de la Música y de las Artes Escénicas que se les ocurrió a los inseparables don Alfonso y don Juan, para una zona imposible y tras despreciar cerrilmente los consejos del controlador Urizarbarrena, nadie menos que el interventor general del Ayuntamiento de V-G, quien animó al ahora ex alcalde a no firmar contrato alguno de bienes y servicios 'hasta despejar las dudas sobre la ejecución' de los trabajos que fueran. Palabra del señor, la de ese don Enrique U., cuando aseguraba, sin el más mínimo éxito, que 'la Administración debe actuar siempre bajo un principio de prudencia; sobre todo, en lo que se refiere a la utilización del dinero público'.
'In illo tempore', en aquel 2005, el hoy alcalde Lazcoz fue todo lo duro que debía, y se negó a aprobar las cuentas públicas por aquella broma. Tampoco se le escapó la jugada al líder municipal del PNV, don Mikel, quien acusó a AAA de 'despilfarro en algo que se sabía que no iba a ver la luz'. ¿Y ahora les sobrevuela a ambos un individuo que se permite acusarles de no haber sabido ni querido reaccionar a tiempo!
'Lo' de Lazcoz y Martínez no es distracción, ni imprevisión, ni derroche. Lo que es despilfarro -y resultaría muy sano, en nombre de nuestra bendita convivencia, que los auténticos responsables penaran por ello- es ese cuarteto de millones sepultados en la Senda, y los 300.000 euros tirados en vísperas electorales con la disculpa de ampliar el Palacio Europa, y los 200.000 de otra etérea Casa Consistorial, y los 115.000 de las Salesas, y la idiotez de 8,3 millones a costa de la antigua estación de autobuses, por no extenderme en más ejemplos. Lo que es derroche es la chiquillada del PP de comprometer terrenos en Euskaltzaindia y Renfe, a sabiendas de que podían perder las municipales, sólo por crearle a la naciente Corporación angustias gratuitas, y al pueblo de Vitoria-Gasteiz nuevos gastos en humo. De verdad que alguien tendrá que pagar por ello.







