
LAS FRASES
«Que el fiscal de la Audiencia Nacional pida 15 meses de cárcel para los dos jóvenes detenidos en Girona es desproporcionado. España es un país condenado a la hipérbole. En el Reino Unido, le arrojan huevos al primer ministro en Oxford y Cambridge. Ocurre en los países civilizados. Los estudiantes siempre son los peores», asegura el prestigioso sociólogo Salvador Giner, presidente del Institut d'Estudis Catalans (IEC), un organismo con 2.000 socios y un gran peso en el mundo de la cultura.
No son pocas las voces que advierten en Cataluña de que hay jóvenes esperando que la Audiencia Nacional les imponga penas que, en la práctica, no les llevarían a la cárcel, pues serían inferiores a dos años. El principal diario barcelonés, de talante moderado, preguntó a sus lectores en Internet si la destrucción de imágenes del monarca debería estar penada, y el 60% votó que no. La Fiscalía parece haber sido sensible a esas señales emitidas desde la Ciudad Condal, pues no ha pedido penas de cárcel para otras nueve personas que también quemaron fotos de don Juan Carlos. El argumento es que lo hicieron en solidaridad con los dos detenidos de Gerona, de modo que tal actitud, en pura dialéctica jurídica, no sería lo mismo que injuriar.
Goteo de convocatorias
«Quemar el retrato de alguien es una forma simbólica de violencia que no sabes a dónde te llevará», explica Salvador Giner. «Empiezas con imágenes y acabas quemando brujas, como la Inquisición. Ahora bien, los jueces deben aplicar la ley con habilidad. Jurisprudencia incluye la palabra latina 'prudentia'». La impresión de la mayoría de observadores catalanes es que las últimas algaradas independentistas se han cargado de simbolismo debido a los ataques contra el Rey provenientes de la derecha y de varios medios de comu- nicación.
«Yo presencié una protesta antimonárquica cuando el Rey visitó la Universidad Pompeu Fabra hace varios años», recuerda Juan Antonio Rodríguez Tous, que impartió Filosofía Moderna y Contemporánea en aquella institución entre 1994 y 2005. El docente no concede mucha importancia a «la quema de fotos, tomada en sí misma», aunque considera que «el absentismo de la sociedad catalana» ha conferido a los autores un relieve que suscita cierta inquietud.
«Todas las visitas del Rey -tercia su colega Jordi Sánchez-, y me refiero a las visitas de carácter oficial, a las que han tenido una agenda conocida, han suscitado el rechazo de unas decenas o de unos cientos de personas. Quienes organizaron lo de Gerona, las Candidaturas de Unidad Popular (CUP), no esperaban el eco que han tenido. No ha existido un órgano que coordinara esos actos públicos. Pero asistiremos a un goteo de convocatorias de fin de semana para quemar fotos».
Las CUP ya se han apresurado a convocar una treintena de actos contra el Rey no sólo en Cataluña, sino en Valencia y en Baleares. Insisten en que no protagonizan «una gamberrada juvenil», sino que luchan por «la soberanía de los Països Catalans libres y socialistas». De todas las organizaciones situadas a la izquierda de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), las CUP son las siglas más visibles en las instituciones locales, ya que en las últimas elecciones municipales obtuvieron concejales en varios municipios, posiblemente a costa de ERC y quizá de Iniciativa per Catalunya-Els Verts (ICV).
En realidad, hasta que la Audiencia Nacional ha entrado en escena, las CUP y otros colectivos como los 'maulets' sólo atraían a politólogos interesados en rastrear los restos arqueológicos de la extinta Terra Lliure y de grupos afines que no se cobijaron en ERC. Con esas piezas se ha formado un popurrí de marxistas desencantados y de militantes antisistema que están dispersos por todo el territorio catalán y se encuadran en asociaciones de ámbito local. En cada comarca hay una 'vidilla' radical, ecologista y okupa que sólo es comparable estéticamente con la izquierda abertzale, y que también rechaza la transición democrática y el 'establishment' autonómico. Esa movida atrae a jóvenes de clase media carentes de un rasgo social definitorio, pero que son seducidos por el halo de la utopía y la revolución.
«El independentismo no tiene más sustancia en Cataluña que la que aparenta», sostiene el profesor Rodríguez Tous. A su modo de ver, las CUP sólo han heredado de ERC «la costumbre de organizar 'performances' callejeras para captar la atención de los medios», una estrategia que el partido de Carod Rovira abandonó al integrarse en 2003 el primer gobierno tripartito catalán de Pasquall Maragall (PSC, ERC e ICV). «¿Cuántas banderas se han quemado en Cataluña?», se pregunta Jordi Sánchez.
Es significativo que la efervescencia independentista se haya reproducido justo cuando ERC se dispone a afrontar este mes un debate interno peliagudo, ya que sec- tores influyentes de ese partido se sienten desgarrados ideológicamen- te por el férreo pacto de Carod con el socialista José Montilla, el primer presidente 'españolista' de la Generalitat. Esas corrientes críticas quieren cambiar de rumbo político y acusan al líder de ERC de haber propuesto un referéndum de autodeterminación en 2014 para asegurarse la continuidad.
En busca de una teoría
En CiU formulan la misma acusación, por razones obvias. «Yo propuse a ERC un acuerdo para gobernar en el Ayuntamiento de Girona, pero ellos lo rechazaron», relata Carles Puigdemont, concejal convergente de esa capital y parlamentario autonómico. El pasado jueves describió a EL CORREO las bondades de «un gran pacto nacional y transversal», que aglutine a los soberanistas de todos los partidos catalanes. Lo hizo mientras se acomodaba en un sillón del Parlament de Catalunya, cuando el president Montilla respondía al PP y a Ciutdadans que se sentía «orgulloso» del respaldo que le brinda ERC.
Puigdemont, que pertenece a la corriente de Convergéncia partidaria de la autodeterminación, admitió con sorna que lo peor de hacer la oposición parlamentaria al gobierno tripartito «no es comprobar cómo intenta aislar a CiU y sacarla de las instituciones, sino tener que escuchar tres veces lo mismo en interminables debates».
En general, nadie discute que Cataluña parece tener un problema de representación política. Pero las discrepancias afloran cuando se busca una teoría para explicar por qué el 50% del electorado se abstuvo en el referéndum del Estatut y por qué el 45% hizo lo mismo en las municipales. Rodríguez Tous atribuye la abstención al empacho que han sufrido los votantes con la tramitación del Estatut de Pasquall Maragall, pendiente aún de una relectura a la baja del Tribunal Constitucional que calentará las calderas de la política española.
Carles Puigdemont cree que esa cuestión y la crisis de las infraestructuras «nos ha convencido a los catalanes de que es necesario revisar la relación con España». En cambio, Jordi Sánchez opina que, ni las interrupciones del servicio de cercanías de Renfe, ni el apagón de Barcelona en julio pasado, ni la ampliación del aeropuerto tienen por qué traducirse en clave soberanista, pues, de momento, lo único que ha pasado es que el mundo de los negocios ha dicho 'basta'. «No hay una voz dominante que aglutine la mayoría nacionalista que antes hablaba por boca de Jordi Pujol», sentencia Rodríguez Tous.
Precisamente, el 'honorable' ha manifestado estos días su irritación por la forma en que, a su juicio, algunos sectores ponen en crisis el sistema democrático y por la forma en que España se encrespa con Cataluña. Salvador Giner, más socarrón, prefiere relativizar, pues el temperamento pactista y negociador de los catalanes tiene «origen genético y está unido a una paciencia tozuda». «En Cataluña -prosigue-, hasta los anarcosindica- listas eran obreros 'progres' . Si dejas a un lado la FAI, un grupo violento, los anarquistas catalanes eran gente de orden que se apuntaba al nudismo, al neodarwininismo, al esperantismo Practicaban el amor libre, pero con su mujer de toda la vida».
El sociólogo sugiere contemplar la realidad catalana con una perspectiva mundana. Sin ir más lejos, ahora que el PP quiere poner letra al himno de España, se cumplen treinta años del éxito 'God Save the Queen' de los Sex Pistols, una banda punk que, al cambiar la música del himno británico, fue acusada de insultar a la familia Windsor cuando el Reino Unido atravesaba una grave crisis social y política. Los supervivientes del grupo darán un concierto conmemorativo en Londres el próximo 8 de noviembre, sin que el cantante del grupo, Johnny Rotten (Juanito el Podrido), haya mudado de opinión sobre Camila Parker-Bowles, que le parece igual de interesante que «una lona para cubrir autos».







