-Durante buena parte de la historia del PNV, los cargos internos han mantenido las esencias y los externos han sido los moderados. Parece que los papeles han cambiado. No deja de ser curioso que el representante institucional quiera romper una dinámica institucional. Desde el punto de vista práctico tampoco le veo mucho sentido: es lanzarse a un callejón sin salida, sabiendo cuál es la postura del Gobierno y del PP. Me recuerda a la izquierda abertzale cuando plantea un referéndum sobre el TAV.
-¿A qué obedece ese cambio de papeles? ¿Cree que, en este contexto y mirando al futuro, la figura del presidente del EBB puede empezar a perder peso frente a la del del lehendakari de cara a los afiliados?
-No. En el cambio quizá influyan las personalidades. Imaz ha hecho un intento no solo de seguir una línea pragmática, sino de modernizar ideológicamente el nacionalismo vasco. Es más acorde con su trayectoria personal e intelectual.
-¿Por qué esa fidelidad tan férrea de las bases a Ibarretxe?
-Las elecciones de 2001 fueron las primeras en las que parecía que, por primera vez, podía surgir un lehendakari no nacionalista. Hay que reconocer que fue Ibarretxe quien se echó el partido a sus espaldas y dio la vuelta a la situación. Es posible que siga viviendo un poco de aquello.







