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Sociedad

MÚSICA
Melancolía recitada
07.10.07 -
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Lo básico en la presencia de aquella incipiente ópera barroca es el que los intérpretes sean capaces de trasmitirnos la elegancia teatral al gusto de la época. No nos olvidemos de que se experimentaba poner música al poético texto versificado y, para ello, primaba más la expresividad que la calidad vocal. El recitado era todavía más importante que la misma música acompañante. De ahí que tuvieran tanta fuerza y tanta carga melancólica los dos soliloquios cantados por el tenor, los dos puntos culminantes de la obra en los que resulta tan bella la palabra.

Hans Jorg Mammel fue superior en calidad vocal a sus compañeros, pero no atendió debidamente a ese fraseo claro e intencionado que conlleva su papel. Cantó demostrando facilidad en la coloratura, pero a su canto le faltó el recitado limpio, el decir, silábico, y ello, a pesar de su a veces canto a flor de labio. Ni la soprano que encarnó a 'Euridice' ni ninguna otra compañera pudieron alejarse de la impresión que nos dio de que se trataban de algo más que simples aficionadas, por lo que la interpretación tendió hacia lo musical, hacia aquello que su director Jean Tubery había mimado y cuidado.

Cítaras y tiorbas, flautas y arpa, fueron desenrollando una partitura llena de delicadeza y unos preciosos dúos de violines y de flautas dulces redondearon con mérito la parte musical, muy superior a la vocal.

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