
«Los Excelentísimos Señores Condes de Salvatierra comunican...», reza el encabezamiento. Y hasta aparece impresa arriba, a la izquierda, una vistosa corona real bajo la cual ondea una letra ese mayúscula. Una ese coronada que, supongo, es ese de Salvatierra. Tanto boato, la verdad, me reconforta, porque indica que al menos por el momento Genoveva y Cayetano están de acuerdo en una cosa: la ceremonia. O lo que es lo mismo, en guardar las apariencias.
También parecen haber pactado ocultar las causas de su ruptura; porque eso de que «el motivo de nuestra separación es el desgaste de una relación prolongada en una situación que ha sufrido numerosas complicaciones por diversas causas» resulta tan indescifrable como un mal chiste de Ozores. Es como cuando alguien, ante una pregunta incómoda, se pone a silbar o a canturrear: «Parece que va a llover, el cielo se está nublando...»
Al final va a ser que han roto porque la suma del cuadrado de los catetos es igual a la hipotenusa... Aunque no. Me dicen que la separación no tiene nada de triangular, que es cosa de temperamento. Del de Cayetano, en concreto, que por lo visto es de pena. Y Genoveva será mexicana sí, pero no tanto como para decirle eso de: 'Arráncame la vida'.







