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Desventuras de un equipo atrancado
El Athletic se mete en problemas tras demostrar su impotencia ante el Almería
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Desventuras de un equipo atrancado
IRAIZOZ tuvo una actuación destacada. / IGNACIO PÉREZ
El Athletic ya ha metido el pie en el charco. Lo dice la clasificación y, sobre todo, lo atestigua el juego del equipo, cada vez mas gaseoso, intrascendente y aburrido. Más parecido, en fin, al de la pasada temporada. Un empate en San Mamés contra un recién ascendido siempre es un tropiezo que hay que lamentar, pero no fue el 1-1 en sí mismo lo que dejó ayer a los aficionados rojiblancos sumidos en la inquietante sospecha de que ya volvemos a tener la mochila llena de piedras y la pendiente de la Liga tiene muy mala pinta. No. Lo que dejó tocada a la grada fueron las pobrísimas sensaciones que transmitió la tropa de Caparrós, que lejos de crecer parece ir menguando con el paso del tiempo, sobre todo en casa. Ya son cuatro partidos sin ganar. Tres puntos de doce.

Puestos a buscar excusas, habrá quien busque refugio cargando las tintas contra el árbitro, González Vázquez. Ciertamente, fue una calamidad. Poco conocido por estos lares, el gallego resultó ser uno de esos trencillas indigestos a quienes no sólo les falta sentido de la proporción y son capaces de desnivelar un partido en un arrebato, como demostró con la roja directa a Del Horno, sino que presentan unas carencias técnicas y físicas flagrantes. No sabe aplicar la ley de la ventaja, por ejemplo, y tiene menos vista que Rompetechos en su despedida de soltero, como se comprobó en un disparo de Susaeta que se fue claramente a corner tras rebotar en un defensa. González Vázquez estaba delante del jugador eibarrés y señaló saque de portería. Con lo que le cuesta al Athletic forzar un corner -y teniendo en cuenta que el partido estaba en sus minutos finales- el error sentó a cuerno quemado. Natural.

Malos síntomas

Dicho queda que el árbitro fue ayer perjudicial para la salud del Athletic. Sin embargo, los síntomas preocupantes que muestra el equipo rojiblanco nada tienen que ver con los perjuicios que puntualmente puedan provocarle los colegiados. Ojalá fuera eso, vaya. La realidad es más bastante cruda. Después de siete jornadas, el Athletic está atrancado, sin ideas y sin perspectiva de llegar a tenerlas a corto plazo. Incapaz de crear juego con un mínimo de lucidez, tirando siempre del trazo grueso, apenas alcanza el área rival. Se vio ante el Almería, que es un equipo justito pero con altura de miras, ordenado y bien dirigido por Unai Emery, cuya mano se nota en todas las costuras. La puesta en escena de los andaluces es más sugerente que su categoría.

Pues bien, estando todavía once contra once, los de Caparrós sólo fueron capaces de tirar una vez a la portería de Cobeño en toda la primera mitad. Fue en el minuto 31, justo después de que el Almería estuviera a punto de adelantarse con una volea de Negredo. Del Horno sacó en largo de banda, Aduriz peinó y Joseba Etxeberria, que no marcaba en San Mamés desde la desamortización de Mendizabal, acertó a desmarcarse y a hacer el 1-0.

Lo cierto es que el gol apenas cambió el decorado. Todo siguió en la misma línea. El Almería mantenía el tipo sin más y el Athletic, reducido a día de hoy a un buen portero y a una buena pareja de centrales, seguía igual de atrancado. Habrá que confiar en que algunos jugadores se entonen y otros salgan de su alarmante estado de baja forma porque, de lo contrario, el sufrimiento no tardará nada en estar garantizado.

Lo que sí tuvo influencia en el desarrollo del partido fue la expulsión de Del Horno, que nervioso y metido en problemas una vez más hizo una dura entrada a Bruno poco antes del descanso. Era una amarilla de libro, pero vaya usted a saber qué vio González Vázquez para ponerse tremendista. Caparrós reaccionó como estaba en el guión. Koikili entró por Ion Vélez, cuya titularidad en detrimento de Llorente cada vez resulta mas inexplicable. Si con once jugadores poco o nada ofrecía el Athletic, con uno menos y en ventaja el objetivo pronto se vio muy claro. Se trataba de aguantar panza arriba. Por lo visto, el equipo no da para más. Así que el Almería acabó empatando. Y a nadie le sorprendió.

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