
Después de un arranque de Liga muy exigente, el partido ante el Almería debía arrojar luz sobre la capacidad de este equipo. Pero otra vez un recién llegado a Primera fue capaz de desafiar a la historia y colocar al Athletic cerca del agujero. El aficionado rojiblanco reza para no verse abajo, pero el partido le dio una idea bastante exacta de la realidad de su equipo.
Si algo queda demostrado es que los problemas complejos como los que vive este club no tienen soluciones sencillas. Después de dos pésimas temporadas, el diagnóstico general es que los fichajes eran ineludibles. Se hicieron y desde luego se ha aumentado la nota media del grupo, pero tampoco como para colocarle en la zona media-alta de la tabla.
A estas horas, el Athletic sólo es corazón y vísceras. De juego está plano. El resumen del partido presenta una contabilidad cruel. El grupo de Caparrós sólo remató en dos ocasiones en todo la tarde, un balón que golpeó en la rodilla a Ocio y el gol de Etxeberria.
Hay una amplia lista de achaques que el Athletic es incapaz de solucionar. La banda izquierda de la defensa es un coladero, como pasó ayer con Del Horno y Koikili. Un jugador tan exquisito como Iraola parece fundido. En todo el tiempo en el que fue lateral derecho, hasta el minuto 72, no desdobló ni una sola vez a Etxeberria.
El centro del campo no construye. Javi Martínez parece desubicado y muy alejado del futbolista que maravilló en el arranque de la pasada campaña. Su impotencia se tradujo en constantes faltas en la segunda parte. Sólo cuando en el arreón final se colocó como segundo punta aportó algo. Orbaiz no tuvo su tarde. Sin ritmo de competición, se desinfló según avanzaba la tarde. Cuando ya era incapaz de oponerse a los medios centros de Unai Emery, Caparrós le sacó del campo.
Con el gesto valiente de adelantar la defensa, el Almería se presentó en Bilbao dispuesto a jugar la pelota. Lo hizo mucho mejor que el Athletic. San Mamés comprendió enseguida que no iba a tratarse de un paseo militar.
Bien pudieron los andaluces adelantarse en el marcador en el minuto 30. Negredo, sólo en el área, se precipitó al rematar ajustado al palo en lugar de tener la sangre fría de parar la pelota.
El Athletic contestó al susto con su único gol. La jugada es fiel reflejo de su incapacidad para construir. Llegó por medio de un atajo, en una jugada a la tremenda. Fue un saque de banda bien prolongado por Aduriz y concluido con la aparición de Etxeberria como una centella entre los centrales para marcar.
Era el del elgoibarrés un caso muy sensible. Había convertido en un hábito no marcar en San Mamés, en donde no lo lograba desde abril de 2004, que se dice pronto. En su ADN lleva capacidad para sacar provecho de cualquier circunstancia. Logró un gol de listo que demuestra que aún le queda capacidad resolutiva.
Injusta expulsión
El partido se enredó definitivamente para los rojiblancos con la expulsión de Del Horno al borde del descanso. El gallartino estaba demasiado expuesto a las subidas del lateral Bruno, que una y otra vez le dejaba en evidencia, por lo que lo que sucedió finalmente entraba dentro de lo previsible. Reaccionó con una entrada desmedida, pero que no se proponía ser brutal. El árbitro había puesto tan bajo el listón de las tarjetas que le mostró la roja.
Caparrós rescató a Koikili, en el banquillo desde la llegada de Del Horno. Retiró a Vélez, que había protagonizado un ejercicio de impotencia tras correr de un lado a otro sin sentido. Aduriz no aportó a la ofensiva mucho más que la prolongación del 1-0 y pasarse todo el partido clamando al cielo por la presuntas faltas de los centrales.
El Almería salió a por el empate en la segunda parte. Comenzó a triangular y a crear peligro. Hasta que anotó el gol en el minuto 61. Y hay que agradecer lo que hizo a continuación, irse hacia atrás a resguardar el punto. De haber seguido por el mismo camino, habría hecho un roto de considerables proporciones.
El tanto de Melo era el resultado de lo que se veía venir. El Athletic atacó y disparó poco, pero ni siquiera fue enérgico en la presión. Tampoco tiró contragolpes ni se mostró seguro en su área. La excusa es que estaba con uno menos, pero en ningún lugar se recoge que esté prohibido lanzar al menos un contrataque con diez jugadores.
A partir del 1-1 a los rojiblancos no les quedó otra que jugar a la tremenda. Balonazos sin sentido arriba y confianza en que uno de ellos permitiera rematar. Caparrós tiró del plan B al retirar a Orbaiz para colocar a David López como medio centro y Expósito como lateral derecho por detrás del adelantado Iraola. Quiso así dar un vuelco al equipo, probar con otros jugadores a ver si era capaz de construir. Pero sucede que, como ya se ha dicho, Iraola está muy discreto y David López está muy lejos del jugador de velocidad endiablada que era en Osasuna. No hubo solución. El instinto guerrero como único argumentos no lleva a ningún lado.








