
Porque si bien fue de agradecer el épico comportamiento del equipo tras el gol almeriense, su disposición tras el descanso y con ventaja en el marcador significó un auténtico sufrimiento. Exageradamente atrincherado en torno a su portería, el empate andaluz era poco menos que una muerte anunciada. Porque fue una pena que éste llegase precisamente en una jugada de estrategia, ahí donde la superioridad queda anulada. Porque es un castigo que afición y equipo sigan sin disfrutar de esa tan deseada y necesaria victoria en la Catedral. Y porque es un suplicio padecer a trencillas como Don Bernardino González Vázquez que, más allá de la injusta sanción que condicionó el devenir del encuentro, hizo un alarde de lo que no se debe hacer cuando uno se dedica al arbitraje alargando su sospechosa sombra con respecto a las actuaciones que viene dispensando a los leones.
Aun con todo, y obviando por difícil que resulte al de negro -ayer limón-, el partido también tuvo sus protagonistas, sus detalles, sus caras y también sus cruces.
Etxebe, tras muchísimo tiempo sin marcar en San Mamés, ayer lo logró. Por fin consiguió derribar el maleficio y lo hizo con esas cualidades -astucia, habilidad y listeza- que nunca, ni en los peores momentos, le han abandonado. Aduriz estuvo hecho un coloso. Disputó y ganó infinidad de balones en el juego aéreo -incluído el que posibilitó el gol del 'gallo'- y dejó hasta su último aliento en la disputa. Amorebieta volvió a constatar que, si aprovecha sus facultades, es un central como la copa de un pino y Javi Martínez evidenció que es por delante de Orbaiz, al igual que lo hizo en Villarreal, donde explota sus mejores virtudes.
Por contra Asier Del Horno vio cómo el colegiado de turno se sumaba a la fiesta y ponía la guinda a una semana especialmente difícil para él. Iraizoz convivió con su tarde más complicada y nerviosa en la Catedral. Orbaiz fue sustituido entre la extrañeza, aun reconociendo el evidente desgaste físico que llevaba encima, de muchos de los que empujamos desde la grada. Y Ion Vélez no pudo brillar como a él le hubiese gustado en su presentación estelar como titular.
En definitiva, muchas circunstancias, un sólo punto y quince días de larga espera para que la sonrisa pueda volver a disputar vestirse de rojiblanco.








