
La película tiene el atractivo de la estética y las formalidades de la City londinense del momento con personajes hieráticamente británicos entre los que se desenvuelve con soltura la única mujer con responsabilidades ejecutivas, muy correctamente interpretada por Demi Moore. El interés está en la absoluta imposibilidad de la misión que se proponen los dos protagonistas, guiados por motivaciones diferentes, al margen del mero enriquecimiento. Robar 'a pelo' la cámara acorazada más segura de Europa parece algo fuera de su alcance.
Es por ello que el guión opta por lo inverosímil, algo que siempre se le permitió a Hitchcock, articulando un plan que tanto en su desarrollo como en su conclusión se antoja excesivamente complaciente. Pero el mérito está en hacer del defecto virtud y, a cambio, lo que se nos da es un entretenimiento continuo con agradables momentos de suspense y un giro que anima a imaginar soluciones, aunque ninguna como la que se nos muestra. Y para sostener todo ello, de nuevo un Michael Caine inmenso, tierno y servil pero a la vez inteligente, calculador y frío.






Lo último:








