Tal paleta colorista y modernista no logró que la inspiración se cerniera sobre el Antzokia. La variedad estilística se sucedía rutinaria sin morder ni acariciar, con trip-hop onda Massive Attack de segunda categoría, progresividad vía Tangerine Dream (ya ven, Ingrid Eto no son tan modernos), un principio a lo Emerson, Lake & Palmer roto con funk lounge, capas sónicas marca Stereolab sin rock o AddNto(X) sin riesgo, blues de película sin argumento, solos de melódica sin atisbo de arte ni virtuosismo, juegos creativos tres pasos por detrás de los de David Byrne con los Talking Heads o percusivos tipo Herman Düne...
El tedio nos embargaba y para sortear el fastidio hablábamos sobre la útil sección de anuncios de este matutino. Entonces Ingrid Eto se animaron con una rave recibida con danzas por universitarias contorsionistas, sicalípticas y exhibicionistas, pero para despedirse bajaron el pistón con un tempo más sereno con sintetizador analógico y agradeciendo la cita al respetable, pues se habían encontrado muy cómodos, ahí es nada.









