Son dos ejemplos nada más. Es de suponer que habrá otros modelos posibles con el fin de evitar en lo posible la monotonía del paisanaje. Woody Allen confesaba haber visto 'El halcón maltés' cuando tenía doce años: desde que salí del cine supe que quería parecerme a Peter Lorre'. En 'L.A. Confidencial', los cirujanos plásticos fabricaban un prototipo muy mejorado de Verónica Lake, que era Kim Basinger. En el cine clásico, la cirugía estética era privativa de los gangsters y los testigos protegidos.
Ahora es por el qué dirán. Todo sería cosa de tumbarse en una cinta transportadora que le vaya poniendo a uno en manos de los distintos especialistas que no irán aguapando sucesivamente en plan cadena de montaje. España, con perdón, es una potencia europea en el ratio de cirujanos plásticos por cada 100.000 habitantes, eso sin contar con los chapuzas que operan en peluquerías y establecimientos alternativos. Para acomodar a esta legión de la hermosura va a haber que reservar hoteles hasta en Burgos y Logroño.
Impresionante. Éramos ricos de nuestro buen natural. Nos van a dejar guapos y sanos después del paso de los 10.000 congresistas, las fuerzas del bien y la belleza. Ya sólo falta convocar a otros 10.000 psicoanalistas para que nos pongan un poco de orden en el interior de la cabeza.









