Tal vez sea el peso de la tradición. La cultura popular está saturada de canciones báquicas por estos pagos: 'los borrachos en el cementerio', 'beber es un gran placer', 'Bilbao es tan pequeño que no viene en el mapa' y por ahí.
El alcohol es una dependencia del alma, dijo Chavela Vargas, que era una conocedora, en tanto que mujer sedienta. Es también una putada para el cuerpo, si se ingiere en cantidades excesivas, y para el bolsillo, si aun en proporciones moderadas, te da por conducir y das con un control de alcoholemia. Esto, hablando de adultos, pero si las intoxicaciones afectan a muchachos de entre 13 y 16 años, estamos ante una indignidad social que, para más INRI, se fomenta con dinero público.
Un cartel de la Comisión de Fiestas de Las Arenas, pagado por el Ayuntamiento de Getxo, muestra a varios adolescentes en actitud festiva: dos de ellos tienen un porro en la boca; uno de ellos lleva una camiseta con una hoja de cannabis. Otros dos sostienen sendos 'katxis', vasos con una capacidad de 750 centilitros. Una de las festivas criaturas levanta cerrado el puño que le deja libre el 'kalimotxo' y el gesto lleva a una leve perplejidad adicional: el hecho de que al mismo vino peleón que castigó los hígados de sus padres y sus abuelos, le basta el añadido de la coca-cola para transformarse en bebida antiimperialista. Maravillas de la alquimia moderna.
El cartel muestra la marca y el logotipo del Ayuntamiento para que no quepan dudas: responsable, la empresa anunciadora.










