
Si los facultativos reclamaban responsabilidad a los ayuntamientos para que, al menos, no alienten la ingesta de alcohol, Usparitza afirma que «nos encontramos ante un grave problema social y sanitario, y todas las administraciones públicas, sean locales, autonómicas o generales, deben asumirlo».
Tanto los centros hospitalarios como los voluntarios de la DYA hablan desde la autoridad de quien es testigo, cada fin de semana, de cómo el alcohol toma el control de las noches festivas. «Efectivamente, hay un incremento en el consumo de bebidas alcohólicas y a edades preocupantes. Sin ir más lejos, en el caso de las fiestas de Las Arenas, fue atendida una niña de 12 años y los demás intoxicados tenían 14 o 15 años», detalló Usparitza. El presidente de la DYA no quiso valorar hasta qué punto el cartel anunciador de las fiestas -en el que aparecían muñecos con 'katxis' y porros- pudo incitar a los chavales, pero pidió que las instituciones «sean conscientes de que existe un consumo excesivo.
Ocio arriesgado
Según Usparitza, «la juventud, en lugar de adoptar otras formas de convivencia, abusa del alcohol en su tiempo de ocio» y, a su juicio, la base fundamental para poner freno a este arriesgado 'divertimento' «es la educación y la prevención». Un esfuerzo que «no sólo corresponde la Administración. La sociedad entera debe reaccionar, empezando por los progenitores de esos chicos».
Usparitza va más allá y extiende la responsabilidad a los centros educativos. «Esa labor de concienciación también debe iniciarse en los primeros estadios de la educación por parte de los centros de enseñanza. Del mismo modo que la seguridad vial está presente en las aulas, también los problemas que generan el alcohol y las drogas deben inculcarse».









