
En sus cuatro años de andadura, la narcosala, cuyo objetivo es mejorar la calidad de vida tanto a nivel sanitario como social de los usuarios mediante consumos «higiénicos y supervisados», ha atendido a un total de 1.830 personas, de las que alrededor de trescientas acudieron por primera vez en este ejercicio. La mayoría de los usuarios están empadronados en Vizcaya, tienen estudios de carácter primario y su modo de subsistencia son las prestaciones sociales o, simplemente, «se buscan la vida en la calle». Cerca del 84% son hombres y la edad media de los que acuden a la sala ronda los 36 años en el caso de las mujeres y los 39 en el de los varones.
El 85% de los usuarios conoce la labor que realiza la narcosala a través del 'boca a boca' y el nivel de fidelización es alto. «La media suele acudir entre una y cinco veces al mes, pero también hay quienes entran unas doscientas veces», señaló el presidente de Médicos del Mundo, José Julio Pardo. En los últimos cuatro años se han supervisado un total de 96.387 consumos de menor riesgo -59.227 por vía inyectada, 27.435 por inhalada y 1.827 por esnifada-. En lo que va de año, la cifra asciende ya a 33.680 visitas, 4.700 más que el pasado. Los casos de sobredosis son mínimos: «Cinco al mes y ningún fallecimiento», revelaron.
Trabajo de calle
El segundo eje de trabajo de la Sala de Consumo Supervisado es el acceso a material higiénico. Desde 2003, la narcosala ha dispensado cerca de 220.000 jeringuillas, de las que 78.800 han sido utilizadas dentro de la propia sala. El resto correspondieron a 'kits' para un consumo inyectado de menor riesgo en el exterior. Además, el programa de recuperación de jeringuillas ha logrado hacerse con 192.000 unidades. En cuanto al resto de material distribuido, destaca el reparto de 3.465 portajeringuillas, 9.867 papeles de aluminio, 19.795 unidades de ácido cítrico, 5.860 compresores y 35.358 preservativos.
La educación en los hábitos más saludables y la disminución de barreras son otros dos de los apartados más importantes dentro de la narcosala. En este sentido, se han realizado cerca de 11.300 actuaciones socioeducativas, 300 talleres, 7.400 acciones de apoyo psicológico y más de 1.500 intervenciones específicas de formación en modos de consumo de menor riesgo. «Los hábitos se mantienen luego fuera», comentó el coordinador del centro, Javier Río.
Con el paso de los años, la sala espera atraer al mayor número de personas drogodependientes posible. Para ello, se han llevado a cabo más de doscientas salidas de trabajo de calle, cuyo objetivo es acercar el servicio a los usuarios potenciales. Asimismo, en un paso más hacia la atención integral de los que acuden a la narcosala, la SCS ha integrado dentro de sus prioridades analizar el nivel de satisfacción de sus usuarios, por lo que ha efectuado 200 encuestas a personas que consumen por vía inyectada de cara a mejorar la atención.
En cuanto a la aprobación de los vecinos, que en su día se mostraron contrarios a la puesta en marcha de la narcosala, el presidente de Médicos del Mundo aseguró que «la sala está, por fin, aceptada».










