
Fue el inicio de un negro periplo hospitalario, que todavía no tiene punto final. Allí ingresó en un centro sanitario en el que permaneció veinte días en coma inducido, por una pérdida de masa encefálica y rotura de cráneo. Los médicos checos tomaron una decisión arriesgada: «Le quitaron prácticamente la mitad de la parte superior derecha del cerebro», explica su padre. Teo recuerda que, 15 días después, contrajo meningitis.
Las malas noticias se sucedieron y al peregrinaje por camas de centros sanitarios le siguieron nuevas y complicadas operaciones quirúrgicas. En los hospitales de Cruces, Gorliz y Aita Menni, en la localidad guipuzcoana de Mondragón, apenas notó mejora. «Dijeron que se quedaría en una silla de ruedas», recuerda Teo.
Al golpe moral le siguió una sangría económica, sin ayudas de las administraciones. Un ejemplo: cada mes en el centro guipuzcoano superaba los 6.000 euros de coste. Por iniciativa propia, sus compañeros del Club Balonmano Romo quiseron ayudar a Sanz, que pasó por la clínica Quirón, de Barcelona, hace dos meses.
En tierras catalanas, su mejoría ha sido patente. Allí le ajustaron la plastia, una pieza de porcelana que cubre la parte del cráneo que le falta. Además, un fisioterapeuta le trata todos los días y, tres veces por semana, acude donde una neuróloga alemana a las afueras de la ciudad.
Aguantar de pie
El caso es que Sanz ya habla, cuando antes no articulaba palabra; ha conseguido ponerse de pie tres minutos y sostenerse solo. Hasta mueve un poco el pie izquierdo, pese a su hemiplejía. «Para mi mujer, que está con él y ha perdido 15 kilos, es un milagro», dice un Teo esperanzado. Su padre se confiesa satisfecho y hasta «sorprendido de que haya tanta gente apoyándole, porque es un poco tímido y no es muy abierto». Sólo que ahora todos ven la luz. «Estamos a tope con él», dice Hugo Martínez, amigo y testigo del accidente de Praga.
Lo mismo opina el presidente del C.B. Romo. Aunque Paco Bartolomé está convencido de que «se ha producido una dejación por parte del sistema médico con este jugador». Pequeñas aportaciones económicas de sus compañeros, camisetas y unos pendientes son algunos gestos de apoyo para que Sanz se recupere.










