
Por si las lecciones que estudiaron en sus años mozos se les han olvidado, como me ha ocurrido a mí, se las voy a recordar tal como las leo en mi enciclopedia doméstica. La primera edad es la de la Prehistoria. A continuación viene la Edad Antigua, que comprende desde los tiempos remotos hasta la caída del imperio romano de Occidente en el siglo V.
La Edad Media llega desde esa fecha hasta la toma de Constantinopla por los turcos en el siglo XV, que yo no sé por qué tuvo tanta importancia la conquista de esa ciudad. Viene después la Edad Moderna, que llega hasta nuestros días, pero que se subdivide a su vez en dos edades: la Moderna, que termina con la Revolución Francesa en el siglo XVIII (que esa sí que tuvo su importancia), y la Edad Contemporánea, desde dicha fecha hasta nuestros días.
Es decir, que nosotros, teórica e históricamente, seguimos viviendo en la Edad Contemporánea, y aquí es donde yo me pregunto intrigado estas dos cosas: ¿Quién establece las edades y sus nombres? ¿Seguimos viviendo en la Edad Contemporánea o hemos cambiado ya de edad? Y si es así, ¿a quién le corresponde la responsabilidad de señalar el comienzo de una nueva edad histórica y qué nombre y acontecimiento le corresponde?
Me atrevería a decir que con todas las cosas que han ocurrido en este pícaro mundo en los siglos XIX, XX y aun XXI, la definición esa de Edad Contemporánea se nos esté quedando un poco pasada de moda. En mi humilde opinión, creo que estamos en una época y en una edad nueva que necesita un nombre nuevo.
Ahí queda esa atractiva tarea para que los historiadores de todo el mundo se reúnan, analicen, tomen una decisión, busquen un nombre nuevo y nos regalen una nueva edad histórica. Vamos..., digo yo.









