
La reforma del mercado, frenada desde 2004, se ha convertido ya en un tema habitual en los plenos. Ayer salió a la palestra en una propuesta del PP que reclamaba del Ayuntamiento una «ayuda económica excepcional» para sufragar una operación que divide a los comerciantes. De hecho, sólo la mitad de los 95 titulares fijos apuestan por ella. Son los comercios más poderosos, pero su número ha caído considerablemente en comparación con quienes votaron hace dos mandatos a favor de la autogestión -el 80%-. Y en ese acuerdo estaba el compromiso de echar adelante con la obra, más polémica a medida que llegaba la hora de pagar -a 4.600 euros el metro cuadrado del puesto nuevo, sin IVA-.
«Hay que ponerse serio»
El concejal de Salud y Consumo, Sabin Anuzita, instó a los comerciantes a intentar convencer a los colegas que se han bajado del tren. Si las obras se vuelven a retrasar, indicó, «el Ayuntamiento tendría que tomar medidas».
Azkuna fue más taxativo: «Llevamos siete años entre dimes y diretes. Hay que ponerse serios de una vez». El alcalde anunció la disposición municipal a «romper el contrato» con los comerciantes si éstos no inician las obras en el plazo de seis meses, desde ya. Aunque reiteró el respaldo del Consistorio, rechazó la posibilidad de financiar toda la operación. En ese caso, dijo, «todos los bilbaínos tendrían derecho a estar en La Ribera». Y recordó que la apertura de un negocio en el Casco Viejo es más costosa que en la plaza de abastos.
Los partidos de la oposición (PP y PSE) reiteraron su apoyo a las obras, aunque reclamaron garantías para mantener los apoyos económicos del Consistorio y el carácter «tradicional» de La Ribera.
El presidente del mercado, Jon Ander Ibarra, asumió ayer ese plazo de seis meses, ya barajado por los defensores de las obras: «Ojalá se sumen más. Cuantos más estemos, mejor. Pero primero los de casa». Pese a que, oficialmente, la apuesta por el mercado es inequívoca, las aguas siguen revueltas en la junta directiva de la plaza, de la que se acaban de descolgar varios vocales que discrepaban con la reforma.









