OTROS ASUNTOS
A los vecinos, que han presentado cientos de alegaciones, les preocupan especialmente dos de los tres viaductos que contempla el proyecto: el que pasará por encima de la línea de Feve, de 330 metros, y el de la cuesta de Olabeaga, que será más corto pero tendrá cinco carriles. Esta «mastodóntica» infraestructura estará «muy cerca de las viviendas del número 14 de la calle y del hospital».
Los residentes reclaman el «cubrimiento completo» del viaducto «y la eliminación de un nuevo carril de la A-8 que vuela por encima del barrio», según consta en sus escritos de alegaciones. Sus protestas han tenido eco. El Ayuntamiento de Bilbao aprobó en pleno una propuesta de soterramiento de un tramo de 500 metros del nuevo acceso, a partir del puente de Olabeaga. El diputado considera, sin embargo, que esto es «técnicamente imposible».
«Sería como una montaña rusa, pasar debajo de la ría y debajo del tren», ironizó. En el acceso que sustituirá a Sabino Arana sí se contempla el soterramiento de otros viales, así como algunos túneles de montaña, que no irán totalmente cubiertos. En el tramo más urbano, desde la antigua sede de Labein hasta el edificio de Hacienda -donde comienza la actuación de Bilbao Ría 2000, que llegará hasta la rotonda Torres Quevedo- se aplicarán otro tipo de soluciones para mitigar el impacto visual de la carretera y, sobre todo, el ruido. La memoria del proyecto reconoce que los niveles de contaminación acústica en Olabeaga aumentarán hasta en 20 decibelios.
«Rigor, cariño y dinero»
Este tramo incorporará «barreras modernas y mejor diseñadas que en otras carreteras» para acercarse al «impacto cero» en el barrio. Sin llegar a cubrir del todo las estructuras, se diseñará «una especie de túnel con chimenea». Algo parecido al viaducto sobre la A-8 que enlaza Cruces y el polígono de la Paz, y que cuenta con una protección acristalada.
En su primera comparecencia en las Juntas Generales como diputado de Obras Públicas, Iñaki Hidalgo aseguró que estudiará «con rigor, cariño y dinero» las alegaciones presentadas al acceso de San Mamés, uno de los proyectos más complicados que afrontará en esta legislatura. «Si lo hiciéramos sólo con rigor, igual no cambiaríamos ni la carátula», apostilló. Aun así, espera «que no haya retrasos» y las obras empiecen en el primer trimestre de 2008. El responsable foral, que explicó a petición del PP las líneas generales de su política, se ha reunido ya con sesenta ayuntamientos para «hacer una foto de las necesidades del territorio», aunque es consciente de que el presupuesto «da para lo que da». Comparó la actividad de su departamento con «un petrolero» por las fuertes inversiones y la prolongada tramitación de los proyectos y añadió que «virar el rumbo no es nada fácil». El socialista Joaquín Colmenero aprovechó el símil. «Hay que tomar todas las medidas para que no tengamos que sufrir una marea negra», advirtió.









