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El papel de los mediadores se enmarca en ese contexto. Consiste en «facilitar la comunicación y el acercamiento entre diferentes culturas que conviven en un mismo espacio». Y ese 'lugar' no es sólo la calle, ni una inmobiliaria para alquilar un piso o una oficina donde buscar trabajo. Es también el ámbito sanitario, una de las áreas más desatendidas en lo que a integración se refiere. El dato no es menor, ya que las dificultades de comunicación provocan «muchísimos errores de diagnóstico, frustraciones en el paciente, que no se siente comprendido, y en el propio médico, que se siente incapaz de hacer bien su labor».
La tarea de Sofía Abaitua se centra en estos aspectos. Por un lado, intenta «servir de puente» entre el médico y el paciente, acompañando a este último a la consulta si hace falta, «Para la población magrebí, es común referirse a la tristeza diciendo 'tengo el corazón negro'; una frase que, desde luego, los médicos vascos no están acostumbrados a oír», relata Sofía para ilustrar las sutilezas que pueden entorpecer el diálogo.
Los profesionales de la salud saben que es muy importante desarrollar cierta empatía con la persona que tienen delante. Sin embargo, algo tan simple como las diferencias de expresión puede minar en un segundo los muchos años que insume la carrera de medicina. De ahí que los mediadores sostengan que «es imprescindible incluir en el currículum la competencia cultural». No se trata de saber al dedillo cómo funciona la vida en Ghana, en China o Somalia, pero sí de «formar a todos los profesionales que trabajan con extranjeros para que tengan una visión más amplia».
«No colapsan el sistema»
Si la frustración puede surgir puertas adentro de una consulta, los roces y las tensiones hacen fila en las salas de espera. Una de las percepciones más frecuentes del personal administrativo y de los pacientes vascos es que los inmigrantes desbordan la capacidad del sistema sanitario. Aunque los estudios sobre salud y economía echan por tierra esta teoría, la idea «está muy arraigada». La pregunta obligada es por qué.
«Porque muchos extranjeros, cuando están enfermos, acuden al hospital. En muchos países no existe una red de ambulatorios como la nuestra, de modo que quienes proceden de ellos no tienen la referencia de la atención primaria o la cultura de la prevención. Sin saberlo, hacen un mal uso del sistema sanitario. Eso crea una sensación de colapso que no es real, pero genera tensión y malestar», responde la mediadora.
Por esa razón, otra de sus tareas consiste en favorecer el acceso y el uso adecuado de la Sanidad, explicando a los inmigrantes, de antemano, cuáles son sus derechos y deberes como usuarios de la red. «Intentamos evitar la molestia del personal administrativo y sanitario porque se acaba transmitiendo al atender al paciente extranjero o, lo que es peor, deriva en que no se lo quiera atender».










