La Policía autónoma había establecido un control de velocidad en el corredor del Cadagua, en el kilómetro 16 de la Bi-636, a la altura de Güeñes, dentro de la campaña contra los 'fitipaldis' que se viene realizando en Vizcaya desde el pasado día 15, y que se prolongará hasta el próximo 28.
El vehículo de la pareja, un 'Renault Megane', fue 'cazado' por el radar hacia las cuatro y cuarto de la tarde a 110 kilómetros por hora en un tramo en el que la velocidad está limitada a 80. Además, una vez que se detiene al coche, si se sospecha que el conductor puede circular bebido se le practica el test de alcohol: nueve automovilistas de los que fueron interceptados dieron positivo al soplar. En estos casos, el afectado tiene derecho a someterse a una segunda prueba al cabo de unos diez minutos de la primera.
0,56 en el segundo test
A la segunda, el padre del niño arrojó un índice de 0,56 miligramos, el doble de lo permitido (0,25). Fue denunciado por una doble infracción: exceso de velocidad y alcoholemia, que le supondrá la pérdida de ocho puntos de los doce del carné. El 'positivo' de alcohol se castigará en este caso con multa de 450 euros y retirada de seis puntos, y superar la velocidad en 30 kilómetros, con 150 euros de multa y supresión de dos puntos. La madre, al no ser la conductora, no fue sancionada.
Desde que inició la campaña de velocidad el lunes de la semana pasada han sido controlados 34.000 vehículos sólo en las carreteras de la red viaria vizcaína, de los que 1.020 han sido sancionados por exceder los límites marcados en cada vía. Además de los radares fijos, que van instalados en cabinas a lo largo de la A-8 y de otras arterias principales, la Ertzaintza utiliza también cinemómetros móviles. Estos aparatos se pueden utilizar en un vehículo, pero también sobre trípodes. La semana pasada, fue colocado uno en la salida de Miraflores, oculto tras una valla.









