El inmigrante, de 24 años, cuya situación administrativa no está regularizada, acudió a la comisaría de Esplugues de Llobregat para denunciar que recibe «muchos insultos» de sus vecinos; tantos que ha empezado sentir miedo y se ha animado, incluso, a pedir protección policial. Según su versión, como las televisiones repiten el vídeo de la agresión una y otra vez, y como la prensa ha destacado la noticia en grandes titulares, los habitantes de Olesa le reconocen enseguida por la calle y, a continuación, se indignan con él y le cubren de epítetos por su nula reacción ante la agresión del metro.
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, tampoco ha mitigado el temor del argentino a acabar siendo víctima él mismo de algún ataque, pues ayer aseguró que el inmigrante se comportó de forma «escandalosa» y consideró que su actitud fue propia «del nazismo»; es decir, comparó las imágenes grabadas en el vagón con los alemanes que ignoraron el Holocausto judío. «Así empezó el nazismo -proclamó Aguirre-. Porque los demás miraban para otro lado».
La presidenta de Madrid describió al individuo que golpeó repetidas veces a la chica ecuatoriana, una de ellas con la pierna, como un «energúmeno» y «delincuente». Pero reprochó al testigo involuntario de los hechos una pusilanimidad que «ha sido vista por toda España».







