
El caso se sitúa en 1896, en las primeras sublevaciones contra la colonización española. Agustinos, dominicos y franciscanos eran parte del poder local cuando en agosto de ese año varios sacerdotes filipinos fueron acusados de ser masones y conspirar contra España. Nueve de ellos fueron encerrados en el seminario de Vigan, y es el testimonio del cura Mariano Dacanay el que acusa a Olaso. Según escribió, unos guardias le colocaron una caña de bambú bajo las rodillas y le ataron las muñecas con una cuerda. luego le pegaron en presencia de varios agustinos, entre ellos Olaso, que «contemplaban mi martirio con placer e incluso pedían a los guardias que me trataran con más crueldad». Olaso, incluso, le habría pegado una patada en la cabeza que le dejó inconsciente.
Olaso fue capturado dos años después por los rebeldes durante 18 meses. El postulador resalta que no fue tratado mal, luego no era visto como alguien a castigar. Rojo admite que fue «un periodo oscuro» del nuevo beato, pero precisa que la causa se cerró en 1963 -cuando el libro que reveló lo ocurrido se editó en 1982- y sólo estudia los últimos 35 años de su vida. Olaso luego regresó a España y siguió enseñando. No hay precedentes de un mártir con un pasado así.






