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Geriatras y educadores piden que se facilite la sexualidad en las residencias de ancianos
Instituciones públicas y privadas reprimen las muestras de cariño
27.10.07 -
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Geriatras y educadores piden que se facilite la sexualidad en las residencias de ancianos
CARIÑO. Dos personas mayores pasean de la mano. / REUTERS
Las residencias de ancianos son la mejor herramienta de inhibición sexual porque en ellas «no hay privacidad, intimidad ni respeto». Los centros, lejos de fomentar que sus residentes vivan la sexualidad con naturalidad, a menudo propician la creación de un mundo irreal, «ajeno a toda forma de expresión sexual». Ni los besos y caricias están bien vistos, ni las habitaciones de matrimonio, en muchas ocasiones, cuentan con camas dobles, «sino individuales; y para colmo están separadas por una mesilla». Geriatras y educadores pidieron ayer en Bilbao con éstas y otras palabras similares que los centros que atienden comiencen a facilitar la sexualidad a las personas mayores porque, está demostrado, la edad puede limitar éstas y otras capacidades, pero no apaga el deseo.

El reto, según explicó el responsable del taller, el educador Álvaro Mosquera, consiste en poder ofrecer a cada persona una vida sexual acorde a sus necesidades y que sea, al mismo tiempo, respetuosa con el resto de inquilinos de la casa. No se trata de fomentar entre los mayores una vida loca que probablemente nunca existió, sino de que los centros atiendan las necesidades afectivas de los alojados, lo mismo que cuidan de su nutrición, su aseo y su estado de salud en general.

El palacio Euskalduna de Bilbao abrió ayer las puertas al séptimo congreso nacional de la Sociedad Española de Médicos de Residencias (SEMER), un foro en el que se analizará no sólo el servicio que se está prestando, sino también el futuro de la especialidad. «El País Vasco somos, junto a Cantabria, Ceuta y Melilla, la única comunidad donde no está reconocida la geriatría como especialidad», protestó el responsable del comité científico del encuentro, Iñaki Artaza. El taller sobre 'Sexualidad en institución' fue ayer uno de los actos que más interés despertó entre los asistentes.

El límite, la lógica

«Mi abuelo, a sus 83 años, perseguía a mi abuela por toda la casa. Seguramente pensaba que para una vez al año que podía darse un placer, nadie tenía derecho a impedírselo». El presidente de la sociedad organizadora, el geriatra canario Alberto López Rocha, defendió ayer así el derecho de los mayores en residencias a vivir una sexualidad plena y la obligación de los centros de garantizársela. «No podemos reprimirles su sexualidad, siempre que se respeten los límites que establece la pura lógica».

La edad media de las personas que viven en residencias, públicas o privadas, ronda en España los 87 años. Su sexualidad está marcada, más que por sus limitaciones físicas, por la restrictiva educación recibida; por la guerra, el hambre, la dictadura, los miedos inducidos y la represión sexual que acompañó al franquismo, según detalla Mosquera, de la residencia Aspaldiko, de Portugalete. Buena o mala, el ingreso en una institución no puede suponer el final de la sexualidad. «Lo mismo que se le explican los horarios y el régimen de comidas debería facilitárseles la sexualidad a través del diálogo y la organización de programas de salud sexual», dice el experto.

El cariño y la ternura en los mayores se manifiesta generalmente con besos y caricias. A menudo, con una simple conversación, pero no sólo. Los profesionales deben por ello saber orientarles y no reprimir conductas normales. Instituciones, alojados y familias deben trabajar unidas en este campo porque muchas veces sucede que la residencia propicia la creación de nuevas parejas y no siempre los dos miembros gozan de igual capacidad mental. La demencia, en distinto grado, afecta al 62% de los residentes en España.

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