
-Permítame que le diga que eso resulta difícil de creer...
-Supongo que esta persona, cuyo nombre no diré, estará cesada, porque nunca más supe de él.
-Obviémoslo, ¿tratamos bien a nuestras personas mayores?
-España siempre ha sido modelo de cuidado en casa de sus ancianos. Hoy la situación es distinta, la falta de espacio en los domicilios, el trabajo, las prisas con que vivimos, obligan a llevarlos a centros geriátricos. Es triste y lamentable que a veces las familias se olviden de sus familiares.
-¿Cree que están bien cuidad0s?
-En general, sí. De hecho, llegan a una edad media de vida de 86 años. He conocido residentes de 90 y de 100, que son edades a las que es difícil llegar con una mala vida. El problema es el tipo de residente que tenemos.
-¿A qué se refiere?
-Si hablamos de personas de 87 años, hablamos de gente que ha pasado la guerra, el hambre, la represión; y cuyo aprendizaje básico ha consistido en comer, en salvar la vida. En 15 años, habrá otro nivel cultural y la cosa cambiará.
-¿Son personas reacias a ingresar porque conservan la imagen del antiguo asilo?
-Exacto. Tienen la mentalidad del asilo. Llegan y su primera pregunta, su mayor preocupación, es 'Pero, ¿aquí dan de comer?'. Por mucho que les intentes explicar que sus hijos les quieren, pero que sus horarios laborales les impiden atenderles en casa, no aceptan la situación. No se adaptan.
-No ha de ser fácil asumir que, llegados a determinado deterioro, en casa uno ya no está bien atendido.
-Claro. La pirámide poblacional se está invirtiendo desde hace 20 años. ¿Qué pasa? Que nos estamos encontrando con personas de 82 años con una discapacidad que requiere atención continua; y que su cuidador principal es una persona joven con una jornada laboral intensiva y que, lógicamente, no puede dejarla sola.
-A menudo se conocen informes oficiales sobre carencias en las residencias de ancianos, muertos por las olas de calor, documentos que no hablan muy bien de ustedes.
-Eso ocurre porque siempre se cuenta lo malo. Vino un inspector a mi residencia y me dijo 'Les falta esto del protocolo'. Le contesté 'Sí, pero mire todo lo bueno que estamos haciendo'; y me respondió 'Sí, pero a mí me interesa el fallo'. Cuando pasa algo, siempre hay alguien que dice 'Esto se veía venir'. Si fuera juez lo procesaría porque tan culpable es el que lo hace como el que lo consiente.
-¿Las residencias se han convertido en hospitales de crónicos?
-Algunas sí. Un 62% de los pacientes sufre demencias, pero no somos hospitales de crónicos. Tenemos residentes, no pacientes. Ellos tienen una edad y nosotros estamos obligados a prestarles unos servicios; y entre ellos figura el cuidado de su salud.
-¿Cuidan también su salud sexual?
-La mayoría lo dejamos estar. No la reprimimos, salvo que se traspase algún límite. Los mayores tienen sus apetencias sexuales y no podemos reprimirlas.







