
EL EXPERTO
Por otro lado, no todos reaccionamos de la misma forma al afrontar una enfermedad. Hay personas con una mayor susceptibilidad a esos trastornos y que desarrollan con facilidad un cuadro emocional y psicológico. Este hecho es más frecuente cuando existe una cierta inestabilidad precedente o bien cuando la enfermedad tiene la entidad suficiente como para producir esa afectación, ya sea por su importancia o su duración.
Los trastornos psicosomáticos son cuadros funcionales, de origen psicológico, que se manifiestan a través de unos síntomas orgánicos. El concepto es muy amplio y en él se incluyen muchos tipos de trastornos y procesos. Es importante tener claro su origen, lo cual no quiere decir que no exista verdaderamente un trastorno.
En primer lugar, es difícil identificar un mecanismo fisiopatológico como ocurre con otras enfermedades. No se puede hablar de un substrato totalmente orgánico. Sin embargo, existen sistemas en el organismo que son fácilmente influenciados por un determinado estado psicológico. Entre ellos destacan los relacionados con el sistema nervioso central o periférico, incluyendo aquellos relacionados con reacciones de alarma o con el funcionamiento 'automático' de órganos o vísceras -corazón, aparato digestivo-. Destacan el simpático y parasimpático, implicados en esos aspectos. Ahora bien, no se conocen los mecanismos íntimos que llevan a la aparición de esos trastornos, lo cual no va en contra de que pueda haber una conexión orgánica.
Otro sistema que resulta afectado con frecuencia es el inmunológico. Las personas con problemas psicológicos pueden llegar a sufrir un cierto estado de debilidad en los sistemas de defensa. Estos cambios justifican que en estos casos aparezcan con frecuencia problemas relacionados con infecciones, especialmente víricas -algunos muy habituales, como los herpes labiales- e incluso alérgicos.
Manifestaciones
Es habitual presentar síntomas neurológicos, cardiorrespiratorios o digestivos. Padecer problemas de atención, memoria o dolores de cabeza, palpitaciones o molestias precordiales, sensación de fatiga, dificultad para respirar -asma- y cambios en el ritmo intestinal o apetito son algunos de los síntomas más característicos de los procesos psicosomáticos. Otros menos habituales son los cambios en la piel -picor o reacciones inflamatorias-. Evidentemente, la variabilidad de ese cortejo sintomático es importante y depende de las personas.
Todos podemos padecer en cierta medida este tipo de trastornos, como se comprueba en situaciones habituales -trabajo intenso, problemas familiares, situaciones de ansiedad-. Ahora bien, es cierto que algunas personas tienen un mayor riesgo de padecerlas: las que presentan una mayor inestabilidad psicológica, las obsesivas, hiperactivas o inseguras. Y, en general, quienes soportan peor cualquier tipo de carga emocional.







