
En Second Life, los ciudadanos -personajes llamados avatares- gastan cientos de dólares al mes en consumir productos y servicios virtuales y pagan con una moneda ficticia: el linden. Para que sus avatares tengan dinero, los humanos cambian monedas reales por lindens -un dólar son 300 lindens-, que luego sus avatares pueden gastar en cosas tan normales como comprar ropa o ir a la peluquería. También pueden invertirlo en adquirir una casa o montar un negocio, que, si funciona bien, podría ser rentable y hacer rico tanto al avatar como a su alter ego.
Según los demandantes, todos estadounidenses con tiendas o negocios virtuales en Second Life, Rase Kenzo -el avatar de Thomas Simon- se dedica a clonar sus productos -desde zapatos hasta camas- y venderlos, algo que para los demandantes es un delito, pese a que ninguno de los objetos sea real. Para ellos, lo que hace Kenzo (Simon) es piratear y poner en peligro lo que para algunos es su única forma de ganarse la vida, como Shannon Grei, una madre de dos niños de Oregón que vende ropa y 'pieles' para avatares a precios que oscilan entre 50 centavos y cuatro dólares por prenda, según 'The New York Post'.
En su demanda, los comerciantes piden que Simon les reingrese el triple de lo que calculan haber perdido a causa de su pirateo, aunque no especifican la cantidad. Por su parte, el denunciado se excusa diciendo que todo es sólo un videojuego y que él no ha cometido ningún delito real porque en ninguno de esos contextos virtuales jamás se ha aplicado la legislación vigente. De lo contrario, no existirían los videojuegos en los que se mata tranquilamente a todo el que se cruza, argumenta. Además, Simon acusa a los comerciantes de haber presentado como 'pruebas' para sustentar su denuncia 'fotos' (pantallazos) tomadas en el interior de su casa virtual de Second Life, lo que también podría considerarse ilegal, por ser allanamiento de morada.







