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Economía

cambio de turno
7.30: nueva vida en Iberdrola
Los 9.000 empleados de la eléctrica estrenan con madrugón la jornada continua y modifican sus hábitos cotidianos para poder disfrutar de todas las tardes libres

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7.30: nueva vida en Iberdrola
GABRIELA Prado. / FOTOS LUIS Á. GÓMEZ
Iberdrola ha elevado a sus empleados al segundo puesto en el ranking de los trabajadores más envidiados del país, sólo superados por algunos funcionarios. Desde ayer, los 9.000 asalariados de la eléctrica en España -2.000 en Euskadi- disfrutan de jornada continua. Eso sí, con madrugón, porque entran a las 7.30 y salen a las 15.30.

Conciliar vida laboral y familiar es el principal logro esgrimido por la empresa, la primera del Ibex 35 que opta por esta medida. Y encima sin menoscabo de la productividad, se felicita, porque cada empleado trabajará unas 40 horas más al año. Además, el incremento salarial se limita, básicamente, a la subida del IPC.

Ayer fue día de experimentos, de probar cuánto se tarda en llegar al trabajo a horas tan intempestivas, de medir la resistencia de un estómago en vacío hasta bien entrada la tarde y de saber cómo reacciona el cuerpo a ocho horas consecutivas de trabajo. Cuatro empleados reflexionan sobre el cambio radical en su modo de vida.

GABRIELA PRADO

34 años. Suministros

«No veré a mis hijos despertarse»

Gabriela dio a luz en febrero y ahora disfruta de una reducción de jornada que le permite, durante un año, trabajar cinco horas al día. En esta situación, salir a las 15.30 tiene para ella un significado especial: «Poder dedicar el resto del día al cuidado de los hijos. Incluso tendré tiempo de hacer deporte». El principal inconveniente también tiene que ver con su condición de madre. «No me importa madrugar, pero sí siento que no podré ver despertarse a mis hijos, vestirlos, llevarlos al colegio... Es un precio alto».

Aunque está encantada con el nuevo horario, reconoce que la rutina diaria va a tener que cambiar, sobre todo «desde el punto de vista alimenticio. No sé si será muy beneficioso desayunar a las seis de la mañana y no comer hasta las cuatro de la tarde». Para esquivar los efectos nocivos del maratoniano ayuno habrá que «pasarse al modelo europeo: una comida de sandwich y galletas en el trabajo y luego cenar muy pronto por la tarde».

ÍÑIGO GÓMEZ

35 años. Abogado

«Me dicen si no me da vergüenza»

Para Íñigo todo son ventajas. No sólo cree que es posible aguantar el tirón ocho horas seguidas, sino que asegura que se rendirá más. «Si sabes que tienes todo el día por delante para hacer algo te relajas, pero si debes terminar a las tres mantienes esa tensión y a la una de la tarde no tienes más remedio que ponerte las pilas». El hambre tampoco le asusta «Esto no es Auschwitz, hay máquinas para tomar un café, chocolate... y siempre puedes bajar y comerte un pincho, estamos en Bilbao».

La mayor de las bendiciones será disponer de toda la tarde para «ir al frontón, estar con los niños, hacer deporte y, al fin, recuperar el doctorado». Todo eso sin pegarse el gran madrugón. «Vivo en Bilbao, con lo que no me preocupan los desplazamientos. Pero, incluso para el que viva fuera, se encontrará sin atascos para llegar al trabajo y para volver a casa».

Tan encantado está que ni le preocupa la pírrica subida salarial del IPC porque «Iberdrola no paga mal». En esa situación, no es de extrañar que «cuando mis amigos me preguntan si no se nos cae la cara de vergüenza por tener estas condiciones», él responda 'sí'. Aunque matiza: «si resolvemos el trabajo por la mañana, ¿para qué vamos a estar en la oficina por la tarde?».

ESTÍBALIZ PÉREZ-AGOTE

36 años. Economista

«Compensa la pérdida económica»

Hay «una tercera persona de la familia» en la que ahora «se delega» el cuidado del hijo de Estíbaliz, de cuatro años. Pero eso va a cambiar, porque «con todas las tardes libres podré ir yo a buscarlo al colegio». Con algo de organización «también podré ir de compras, al gimnasio... cosas que hasta ahora no podía porque vivo en Sopelana y no llegaba a casa hasta las siete y media de la tarde». Y cuando nazca su segundo hijo, que espera para enero, «me acogeré durante un año a la reducción de jornada flexible de cinco horas».

Reconoce que el coste de estas comodidades es «la pérdida económica» que supone la subida limitada al IPC. «Es el punto negativo, aunque para mí compensa». También es comprensiva con el hecho de que dejarán de cobrar la ayuda para comida, 11 euros al día que carecen de sentido si se supone que todos se van a almorzar a casa.

¿Y del madrugón? «No lo he notado porque me he levantado a la misma hora: antes me arreglaba yo y a mi hijo; ahora, sólo me ocupo de mí y del niño se ocupa el padre».

JOSÉ ARTECHE

37 años. Administrativo

«Podré hacer surf todos los días»

El domingo, José se hizo el firme propósito de acostarse a las diez y media. «Al final, como siempre, me fui a la cama a las doce. Es algo que voy a tener que corregir». Aún así, ayer llegó al trabajo antes de tiempo, a las 7.20. «En parte por el nerviosismo y en parte porque vengo de Getxo y tengo que controlar mejor los horarios del metro». Ya tiene un plan para su nueva vida: «En vez de comer fuerte, me traeré un bocadillo y fruta, y luego cenaré pronto. Habrá que acostumbrarse a los horarios europeos».

A cambio podrá dedicar las tardes a estar con sus dos hijos, ayudarles a hacer los deberes e incluso a «hacer surf todos los días en Sopelana». Lo de la escasa subida salarial confía en esquivarlo con «el plan de productividad». Eso sí, también es consciente de que, pese a todo, «alguna tarde nos tendremos que quedar a trabajar. Pero, con esa tensión, incluso trabajas mejor».
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