
Por ahora, los buitres esperan ansiosos en el monte. El episodio del pasado domingo en Bedón fue un claro exponente de hasta qué punto tienen hambre. Las aves carroñeras dieron cuenta de la oveja a escasos cien metros del pueblo y con varios curiosos merodeando por la zona. Nada les ahuyentó hasta la llegada del ganadero.
«Ha muerto empachada de bellotas, pero qué poco han tardado en presentarse estas alimañas», se quejó el hombre, mientras arrastraba hasta su todoterreno lo que quedaba de la res. Desde la crisis de las 'vacas locas', la normativa prohíbe abandonar en el campo el cadáver de cualquier animal.









