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JORGE BENEDICTO MILLÁN, PROFESOR DE SOCIOLOGÍA POLÍTICA EN LA UNED
«Se considera a los jóvenes ciudadanos de segunda»
El experto en juventud cree que se ve a este sector «más como objeto que como sujeto de la política»
07.11.07 -
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«Se considera a los jóvenes ciudadanos de segunda»
EL SOCIÓLOGO, en el palacio de Villasuso. / JOSÉ MONTES
Jorge Benedicto Millán, madrileño de 48 años y profesor de Sociología Política en la UNED, habló ayer en Vitoria sobre las políticas más adecuadas para la juventud. Pide que se deje participar activamente a los jóvenes en el debate de los temas que les atañen.

-Se habla mucho de los problemas de los jóvenes, pero sin la participación de ellos. ¿Urge incorporarlos al debate?

-Ese debería ser el verdadero objetivo de las políticas de juventud, incorporar a los jóvenes a la discusión de sus propios problemas, pero de una manera eficaz. Quiero decir que a veces se les incorpora, pero lo que dicen no tiene ninguna influencia en la toma de decisiones. Se les ve más como objetos que como sujetos de la política y se les considera ciudadanos de segunda. Ellos necesitan tener una voz influyente al tratar sus problemas y necesidades.

-¿Y cuáles son los instrumentos para escuchar sus voces?

-Lo fundamental es que tengan esta idea quienes diseñan las políticas porque se pueden montar muchas iniciativas institucionales, pero si al final los responsables deciden resolver los problemas a los jóvenes... Es como cuando a los chavales se les permite discutir en el consejo escolar del colegio y lo único para lo que se les deja hablar es para opinar sobre el menú del comedor.

-¿Cuáles son los problemas más importantes que afectan a la juventud?

-Hablar de los jóvenes en general es muy difícil. No tienen nada que ver los que cuentan con recursos para ir a la universidad que los que dejan el colegio en la ESO y son la denominada carne de precariedad laboral. Uno de los grandes problemas de los jóvenes es que tienen que acostumbrarse a una forma de vida muy incierta. Muchas políticas están diseñadas para un tipo de jóvenes que cada vez existe menos, los que estudian, encuentran trabajo, tienen pareja y se van de casa. Una de las características de la juventud actual en todos los países desarrollados es el incremento de la incertidumbre.

-Lo de alargar cada vez más la marcha de la casa paterna. ¿Cuestión de comodidad o falta de recursos?

-Muchas veces se trata de una cuestión de condiciones. Si viven en una situación de dependencia de los padres o son jóvenes capaces de gestionar su propia vida. Hay quienes se quedan en casa para aumentar su capital, para estar en la mejor posición posible cuando se marchan de casa.

-Además de quejarse tantas veces con razón, ¿qué deben poner de su parte?

-Es cierto que los jóvenes se quejan mucho, pero como todos los sectores sociales en los estados del bienestar. Necesitan posibilidades para realizar sus proyectos de vida. Y lo que hay que pedirles es que se responsabilicen.

-¿Es un sector desorientado?

-Sí, sí. Pero es propio de la sociedad en la que vivimos, también los adultos estamos desorientados. A nuestra generación le habían dicho que el trabajo sería para toda la vida y de pronto nos encontramos con que no lo es. Vivimos en una sociedad en la que han desaparecido muchos esquemas rígidos que nos daban seguridad. No es ni bueno ni malo, sino la sociedad en la que nos encontramos: globalización, mestizaje, cambios... A los jóvenes se les han abierto muchísimas más posibilidades que a nosotros, pero también los riesgos son mayores.

-¿Es optimista con la juventud?

-Ni optimista ni pesimista. Lo que la historia nos enseña es que todas las generaciones han dicho que sus jóvenes son problemáticos. Hay un viejo aforismo griego que ya hablaba de la pérdida de valores en los jóvenes. Y fíjate si ha llovido.
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