El beneficio de Iberia antes de impuestos, intereses, amortizaciones, depreciaciones y alquileres de aviones -la magnitud que los analistas más vigilan para estudiar la marcha de una aerolínea- rozó los 700 millones de euros, el más alto en la historia de la empresa. También ayudó al balance un muy buen tercer trimestre. En especial el mes de julio, que comparado con el de 2006 (plagado de huelgas e incidentes en Barcelona) hizo que el salto interanual fuera muy positivo.
Con una ocupación de las naves en niveles históricos (un 82% para el conjunto de la red), la firma mantuvo su apuesta por el largo radio, sobre todo por Latinoamérica, en detrimento del negocio doméstico. Entre enero y septiembre, el gasto en combustible alcanzó 827 millones de euros, un 3,8% menos que un año antes gracias a la apreciación del euro y a los contratos que tiene firmados y que le garantizan la mitad del suministro entre octubre y diciembre a un precio de 61,5 dólares por barril de petróleo. Una ganga si se tiene en cuenta que roza los 100 dólares.
Otro de los secretos de las cuentas es el mejor volumen de personal y, por ende, de gastos de Iberia, cuya plantilla ha descendido un 6,7% en términos interanuales debido al Expediente de Regulación de Empleo pactado con los trabajadores. Así, la productividad por empleado mejoró un 9,9%. La aerolínea también gastó menos dinero en el alquiler de aviones y en el pago a las agencias de viaje, a las que ha recortado al 0,4% sus comisiones fijas.
Los talleres de Iberia, entre los mejores del mundo, colaboraron en el resultado al ingresar casi 200 millones de euros, un 26% más.







