Aunque los agresores, dos vecinos de Vitoria, fueron detenidos el mismo lunes por la tarde, no se conocen los motivos de la agresión. No parece el robo, porque al parecer no se llevaron la recaudación ni despojaron a su víctima de la cartera, el reloj o el móvil. Tampoco se puede comprender tanto ensañamiento si no partimos de una formulación muy discutida pero que cada vez cobra más fuerza axiomática: el mal existe; es la ausencia de empatía, la incapacidad de ponerse en el lugar del otro.
Todo tiene un aire de cosa vista. Los compañeros de la víctima en Vitoria y Vizcaya han organizado distintos paros y actos de protesta y se discutirá durante algunos días la manera de aumentar las medidas de seguridad en los vehículos. Ya pasó lo mismo en Vitoria el 24 de octubre, con el degüello de un taxista que, afortunadamente, pudo salvar la vida a pesar de que su atacante le hizo un corte en la garganta de 20 centímetros. El agresor fue condenado a tres años y medio de cárcel.
El 12 de diciembre de 2005, el taxista Eduardo Robledo fue degollado en Bilbao por un joven de 20 años que fue rodeado y detenido por los compañeros del conductor asesinado. Fue condenado a ocho años de cárcel en una sentencia que levantó ronchas en el honrado gremio del taxi. Son estos hechos y estas sentencias las que ponen las bases para eso que genéricamente llamamos 'alarma social'.







