
Los carniceros superaron el mal de las vacas locas, la gripe aviar y ahora los clientes comienzan a preguntar sobre la lengua azul. «Sí se nota. Cuando estas cosas salen tanto en los periódicos, en la radio y en la televisión se crea un alarmismo que al final afecta al consumo», se lamenta Bittor Lizarribar, presidente de la Asociación de carniceros de Guipúzcoa. «Así que habrá que repetir mil veces que el consumo de carne y leche no supone ningún riesgo para las personas».
«Es el turno de los veterinarios», dice Mikel Arteaga, presidente del sindicato agrario ENBA, en referencia a la aplicación de la vacuna contra la lengua azul.
«Nadie dice nada»
«Deberían conseguir las dosis y vacunar la cabaña cuanto antes», aconseja Arteaga, quien se muestra partidario de adoptar medidas de control en estos casos, aunque cree que la orden foral «es excesiva» porque obliga a la inmovilización total de la cabaña. Arteaga confía en que los primeros fríos acaben con el mosquito que transmite la enfermedad. «Si hubiese ocurrido en primavera...».
«Quizás se pierda algo de producción porque haya menos leche, pero la calidad y la seguridad están garantizadas», asegura José Mari Ustarroz, presidente de la Denominación de Origen Idiazabal. La preocupación sobre la crudeza con la que la lengua azul está afectando a las ovejas es muy honda entre los pastores. Jesús Ansola, del caserío Mausitxa de Elgoibar, es uno de ellos. «De momento, nadie nos ha dicho qué tenemos que hacer. Se está hablan de una vacunación general... habrá que ver».
Eneko Karrera, portavoz del sindicato agrario EHNE, teme que la enfermedad afecte a la rentabilidad de los caseríos afectados. Por la disminución directa de la producción, las limitaciones de comercialización y las reticencias de los consumidores. «Esperamos que la Administración, además de aplicar la normativa, tome las medidas oportunas para compensar las pérdidas».







