
Para Meana, el centro de la exclusión en los discursos radica en los nombres genéricos, donde «las mujeres somos invisibles y excluidas». «El masculino nunca puede ser genérico, es simplemente masculino. ¿Por qué decimos 'los profesores' si se puede decir 'el profesorado'?», se pregunta. Además, esta especialista opina que el lenguaje ya es discriminatorio por sí mismo, dada «la carga sexista que llevan todas las palabras».
-Como en el caso de cojonudo, que designa lo bueno, y 'coñazo' que se usa para describir algo aburrido.
-Sí. Lo prestigiado es lo masculino y lo desvalorizado, lo femenino. Lo mismo pasa con palabras como que 'zorro' quiere decir astuto; 'hombre público', político, y 'hombre de la calle', ciudadano medio. En cambio, 'zorra', 'mujer pública' y 'mujer de la calle' significan prostituta. Lo nuestro siempre es sexual.
Ante esta problemática, Meana propone el uso de los «genéricos reales», ya que «todas las frases se pueden transformar para no discriminar a ningún sexo». «Hay muchas formas de hablar correctamente, como con la 'desviación semántica': en lugar de 'Los vizcaínos se manifiestan', se puede decir 'Vizcaya se manifiesta'».
Los vascos y las vascas
Frente a los que piensan que el uso del masculino y el femenino a la vez sólo supone recargar los discursos, ella defiende que la fórmula debe aplicarse en todas las frases que lo requieran. «La economía del lenguaje no se vería perjudicada. No queda nada tan gratuito como el lenguaje. ¿Tanto cuesta decir 'los chicos y las chicas merendaron por la tarde'?», se cuestiona.
Y si alguien ha destacado por mencionar en sus discursos a ambos géneros ha sido el lehendakari, Juan José Ibarretxe. Meana se siente espacialmente orgullosa de su popular 'los vascos y las vascas'. «Es importantísimo que haya voluntad de cambio, aunque la gente se ría», dice. Eso sí, también a él le pone una pega . «También podría alternar la frase y decir 'vascas y vascos'», aconseja.
Aunque se muestra optimista por los pasos dados en los últimos tiempos, la experta recomienda a todas las mujeres que se impliquen en la cruzada. «Si no nos vemos reflejadas en el lenguaje, no existimos». «La lengua es cambiante, sino todos seguiríamos hablando en latín. ¿Cuántas palabras nuevas conocemos que vienen de la informática?», argumenta. «Cuando se llegó a la luna, se inventó la palabra 'alunizar' para no decir 'aterrizar'. ¿Cómo no va a haber recursos para nombrar a las mujeres?», concluye.







