Cuando alguien me pregunta por qué no aparece en mis dibujos doña Petronila Pilonga (porque también tiene nombre y apellido), yo suelo preguntar a mi vez: «¿Cuando tú vas al trabajo llevas a tu mujer contigo?» ¿No? Pues Don Celes tampoco. Ahí está la explicación al hecho de que doña Petronila aparezca pocas veces en público.
Algunos más despistados suelen preguntarme también si Don Celes está casado o si se ha divorciado, que es una opción muy de moda. Y yo contesto muy satisfecho que Don Celes está casado y que, por supuesto, no se ha divorciado. Incluso puedo decirles que la fotografía de su boda apareció en 'La Gaceta del Norte' (donde se publicaban entonces sus aventuras) allá por el mes de noviembre de 1947. Don Celes ha cumplido ya, por lo tanto, sus bodas de diamante matrimoniales. Y aquí hago un inciso para aclarar un error muy habitual, porque los 75 años son las bodas de brillante y los sesenta, de diamante.
Doña Petronila sigue siendo la esposa de Don Celes y, como se trata de un matrimonio a la antigua usanza, él se va cada día a su trabajo mientras ella realiza las labores del hogar. Lo cual no es obstáculo para que aparezca públicamente cuando lo exige el guión. El resto de los días es su marido el que se va en busca de aventuras que si a menudo son desventuras no es mía la culpa, que conste. La culpa es del público en general, que no se divierte con desenlaces color de rosa.
Sin embargo, he de hacer constar, aprovechando esta ocasión, que Don Celes (y, por afinidad, doña Petronila) es el personaje más optimista del mundo, porque jamás se desanima aunque, día tras día, las cosas la salgan mal; sigue siempre ilusionado, pensando que al día siguiente le saldrán mejor. Es lo que yo llamo optimismo de veinte quilates. ¿Hay quien pueda decir lo mismo?









