
Nieva está acostumbrado a lidiar con grandes obras -Abandoibarra, Amezola y trincheras ferroviarias de Feve-, pero seguramente ninguna de ellas es tan susceptible de generar molestias como la construcción de la estación de tren de Miribilla. A 42 metros de profundidad, los operarios abren nuevos andenes con la ayuda de pequeñas detonaciones. En el inicio del tajo -la excavación del pozo desde la calle- se emplearon voladuras, con algún problema en el vecindario. Para evitar eventuales incidentes, se sustituyeron por las llamadas microvoladuras, un método que refuerza la excavación tradicional para ganar terreno a una roca caliza dura como pocas.
Aunque algunos vecinos se quejan de las vibraciones causadas por estas detonaciones, el director de Ría 2000 restó ayer peligrosidad y les pidió paciencia. La nueva estación puede estar lista en el próximo verano, si se cumplen las previsiones.
Azkuna, en Zabalburu
«Tenemos todas las medidas de seguridad. Sin embargo, por mucho que queramos, puede surgir algún imprevisto», reconoció Nieva, quien ligó los incidentes a «la mala fortuna». Los riesgos, insistió, son «muy limitados». «Si hubiera cualquier duda cerraríamos las vías al tráfico de trenes -apuntó-. Y no es el caso».
Por su parte, el alcalde y presidente de Ría 2000, Iñaki Azkuna, se acercó a la estación de Zabalburu, próxima al túnel del desplome, para interesarse por el alcance del incidente y mandar un mensaje de tranquilidad a los usuarios.










