Unos temores que la acompañan desde que, hace dos años, arrancaron los trabajos de la futura estación. «Hay voladuras a diario, siempre entre las diez y las diez y cuarto de la mañana. Pero hoy -por ayer- hemos oído un ruido diferente de otras veces, y más tarde que de costumbre. ¿A qué hora lo hemos escuchado?», pregunta a una vecina. «Sobre las once y cuarto», media hora antes de producirse el derrumbe en el interior de la galería.
Nieves vive en un bloque de viviendas construido hace 55 años. «Hace cinco hice una reforma y las puertas ya están flojas. Es que es para verlo». La mujer no se ha quedado de brazos cruzados. «Hace tres semanas, las detonaciones fueron especialmente fuertes. Decidí entonces llamar al Ayuntamiento, a Bilbao Ría 2000, para decirles que no hay derecho. Me contestaron que no pasa nada, que todo está bajo control. Pero en cuanto les pido que me lo garanticen por escrito, todo son evasivas. Un técnico municipal de Urbanismo me dijo que enviarían una circular comprometiéndose a que no pasaría nada. Hasta hoy. Finalmente hablé con un ingeniero de la obra, que repitió que no me preocupara por nada y que cuando quisiera podía visitar los trabajos. '¿Para qué?', le contesté yo, si no me voy a enterar de nada».
Nieves lo explica mientras los últimos evacuados salen por la boca de la galería. «Es como cuando vas al médico y te dicen que no es grave. Hasta que te mueres».









