
«Nos abrimos a la gente, pero no por necesidad de exponer, si no porque se nos conozca y porque la comunicación siempre enriquece», comenta Jorge Rubio, quien trabaja en un cuadro que representa una habitación imprecisa con colores de hogar de épocas pasadas: lo importante es la figura de un niño que se entretiene con una botella de lejía y unas tijeras. «Es el momento anterior al desastre», comenta el artista, cuya obra ha entrado últimamente en las colecciones de Bancaja, CCM y el Certamen de Valdepeñas.
Candaudap, que lleva años de profesor por temporadas en la UPV, ha tomado los colores de la tierra cerca de Mora de Ebro; ésto en su característica pintura de formas rotas de creación pura, remite a la más horrenda etapa de la Guerra Civil. Él es el mayor y su estudio el más amplio y ordenado: «Yo creo que los artistas somos avanzadilla en la renovación de barrios así».
A su vez, Moreno, que es el único del barrio, trabaja en dos de sus misteriosos cuadros de formas de apariencia aleatoria. Produce aquí lo que automáticamente manda a su marchante de Barcelona.
Él introduce el tema del raquítico mercado del arte en Bilbao: «En esto no ha cambiado nada. Lo curioso -añade- es que Bilbao, por las ayudas, las becas y el apoyo en general que hay, está muy bien para producir arte, pero luego para vender hay que emigrar. Las condiciones son tan buenas para producir que incluso se han venido bastantes artistas de Guipúzcoa».






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