
El tema que aborda esta película no resulta en absoluto agradable pues su trama se desarrolla por el oscuro y repulsivo mundo de las más variadas formas de agresión sexual, y cuando uno bucea en esas charcas puede llegar a encontrar formas y conductas inimaginables, poniendo de manifiesto hasta qué punto puede llegar la inmundicia de la condición humana. Y como en Estados Unidos hay profesiones para todo, Richard Gere encarna, en esta ocasión, a un funcionario encargado de controlar a delincuentes sexuales de todo pelaje, censados y en libertad.
El guión plantea dos cuestiones conocidas y recurrentes: la influencia que estos mundos pueden ejercer sobre quien pretende controlarlos y la necesidad de aplicar ciertas dosis de 'justicia expeditiva' con esta lacra. El problema está en que el director se deja llevar por formas que complican la comprensión de un guión innecesariamente liado, de manera que la investigación e intriga quedan postergadas y cubiertas por una colección de horrores demasiado efectistas.






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