En un escenario donde la nueva Ley de la Lectura, el Libro y la Bibliotecas establece la liberalización del precio de los libros de texto como la «menos mala de las soluciones», los editores se mostraron ayer «tremendamente preocupados» por el futuro del sector. El gremio mantiene que la medida adoptada por el Gobierno vasco acabará con todos los gremios de la industria -escritores, ilustradores, traductores, distribuidores...- «tal y como ya ha ocurrido en comunidades como la gallega o la andaluza donde se ha llevado a cabo el sistema de préstamo de libros con resultados muy poco halagüeños», precisaron. En este sentido, los editores recordaron que Euskadi es la única comunidad donde los padres pagan un tanto por ciento para disponer del manual. «Que no nos vendan motos. El sistema impuesto por el consejero Tontxu Campos no es más que un alquiler de libros», censuró el presidente del Gremio de Editores de Euskadi, Joxemari Sors. Pese a todo, el gremio no está contra de la gratuidad de los libros. Al contrario. Defienden un sistema de ayudas directas donde los niños se queden con los libros de texto en propiedad. En este sentido, pusieron como ejemplo el sistema llevado a cabo en Asturias.
El modelo asturiano
«El modelo asturiano, donde la comunidad subvenciona la compra de los libros de texto, se ha demostrado muy efectivo tanto desde el punto de vista social, como pedagógico y económico». «Un ejemplo -aclaró el presidente de la Asociación Nacional de Editores de Libros y Material de Enseñanza, José Moyano-. Sólo en la comunidad asturiana hay más librerías que en todo México, mientras que en las autonomías donde se ha llevado a cabo el préstamo de libros ha tenido que cerrar una de cada cuatro». Pero Moyano fue más allá en su intervención. «En estos momentos, Euskadi está aplicando un sistema propio de países como Armenia, Lesoto o Moldavia. La clave está en saber si queremos parecernos a Lesoto o los países nórdicos», se preguntó Moyano.
Otro de los problemas que advirtieron los editores es la concentración editorial como ocurre en Francia, donde sólo dos empresas se dedican a la realización de libros de texto. Situación que se agudiza todavía más en comunidades como la vasca donde existe un lengua minoritaria. «La oportunidad de especialización en el mercado en euskera y la potencialidad de una sociedad bilingüe que se nombran como fortalezas del sistema cultural vasco se ven amenazadas por una nueva reducción del mercado que supondría la caída en la facturación y volumen de ventas del libro de texto», concluye el estudio realizado por Joseba Doistua y Xavier Landabidea. De las 1.272 editoriales registradas en España, 108 se ubican en el País Vasco.
El Gremio de Editores del País Vasco también informó ayer de que para amortizar un libro de texto, el manual debe de tener una vida de al menos tres o cuatro años, mientras que con el sistema de préstamo no podrían recuperar la inversión realizada hasta doce o trece años más tarde.








