Así, lo primero que debe hacerse es aumentar las tasas de actividad en los diferentes grupos de edad, en especial entre las personas mayores, y en la población femenina, apunta. Y el recurso a los inmigrantes será indispensable, ya que si no hay mano de obra «las empresas se crearán en otros lugares», alerta.
Será necesario un «cambio sociológico» que favorezca la permanencia de las personas en el mercado laboral cuando abandonan su empleo por motivos de productividad, como sucede en la industria, explica. La movilidad será, por ello, imprescindible.
Felipe Serrano, autor de varios trabajos sobre el sistema de pensiones en España, aboga por acercar la edad real de retiro a la legal -65 años- antes de abordar medidas como las de Alemania, que la va a retrasar a los 67 años. Para ello apuesta por la medida poco popular de «eliminar los incentivos a las jubilaciones anticipadas», extremo que no se ha abordado en el país germano, señala.
Inmigrantes
Con respecto al papel de la inmigración, sostiene que el sistema de pensiones no tendrá problemas hasta el año 2038 ó 2040, mientras se mantengan con los flujos actuales, y aboga porque los salarios de este colectivo sean similares a los nacionales para favorecer la sostenibilidad de las prestaciones.
Reconoce Serrano que el envejecimiento demográfico es un «problema nuevo que no sabemos cómo abordar», por lo que serán necesarias grandes dosis de sentido común, reconociendo realidades como que en las condiciones actuales es posible seguir trabajando «algo más» una vez que se cumplen los 65 años.
También será necesario reajustar la generosidad del sistema, a medida que lo requiera y las condiciones sociológicas lo aconsejen o permitan. Recuerda al respecto que la actual generación tiene «una importante riqueza acumulada» en bienes como la vivienda.
Otra alternativa a la escasez de mano de obra, añade, será también la inversión intensiva de capital en tecnologías. Se trata, concluye, de «tocar todas las teclas» que están a nuestra disposición.






