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VIZCAYA
Bilbao desentierra los secretos de hace cinco siglos
Los trabajos de excavación en la Plaza Corazón de María desvelan detalles del convento franciscano que ocupó el enclave durante 300 años
11.11.07 -
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Las piedras hablan. Y cuentan muchas historias. Los arqueólogos, que son quienes conocen su lenguaje, pueden sonsacarles mucha información. Para estos expertos, la procedencia de las rocas que sirvieron para construir edificios, su corte, el tallado y las marcas que hicieron en ellas el tiempo y canteros anónimos -cuyo trabajo es la única huella de su paso por el mundo- son pistas que permiten reconstruir el pasado.

Es el caso del yacimiento arqueológico de la Plaza Corazón de María, en pleno barrio de San Francisco, donde se excava para estudiar los restos de un convento del siglo XV que aparecieron hace un año en un estudio previo a la construcción de un párking. Los expertos, que pertenecen a la empresa Qark, han tenido que pelearse con seis metros de escombro -entre otras cosas, han arrasado parte de un cuartel decimonónico que se construyó encima- para llegar hasta la planta del conjunto religioso. El trabajo de los especialistas y la documentación histórica han permitido viajar en el tiempo para recrear el aspecto del enclave y conocer detalles de la vida de sus moradores. Aunque, de momento, las ruinas aún no han dicho la última palabra, porque la excavación se prolongará hasta final de año. En marzo, Bilbao Ría 2000 decidirá si urbanizará la zona.

UBICACIÓN

Cuando se empezó a construir el convento en 1498, gracias a una bula papal emitida 23 años antes, Bilbao era poco más que una concentración de edificios en el Casco Viejo, surgidos al calor de la condición de puerto de la ciudad. Pero al otro lado de la ría, en lo que hoy es Bilbao La Vieja, sólo existían «huertas, viñas, caseríos y algunas casas torre», explica Leandro Sánchez, arqueólogo responsable del estudio. El hecho de que los franciscanos eligiesen ubicarse en esta zona -fueron la primera orden en asentarse en Vizcaya- obedece, según el experto, «a la cercanía de las canteras de Miribilla, de donde se extrajo la piedra para hacer el convento, y también a la costumbre franciscana de instalarse siempre fuera de las villas, pero cerca de las puertas de los mercados».

MONJES

En sus mejores tiempos, en el convento llegaron a convivir 100 frailes. Los restos de San Francisco revelan que, pese a su afán por apartarse, al menos geográficamente, del bullicio urbano, estaban muy implicados en la vida de la ciudad. Las capillas encontradas en el recinto, patrocinadas por las grandes familias bilbaínas de la época, dan fe de ello. «Se pueden ver sus escudos -señala Sánchez-. Nos ha llamado la atención la gran cantidad que hemos encontrado». Las dimensiones de la iglesia, que era la más grande del País Vasco en aquella época, también permitieron la proliferación de estos recintos, donde se enterraba a los nobles de los distintos linajes. La relación con la nobleza rural era tan estrecha que los terrenos sobre los que se levantó el convento fueron donados por una de las estirpes con más abolengo de la villa, la de los Arbolancha.

Además, los arqueólogos, que, de momento, han centrado su trabajo en las zonas 'espirituales' del convento -claustro, iglesia, sala capitular- buscan ahora indicios de los «espacios productivos, donde realizaban sus trabajos y cocinaban». «Hemos encontrado algunos huesos de animales que nos pueden dar pistas sobre su dieta y también podremos saber qué plantas y árboles tenían», dice. Unos parterres que bordean algunos de los muros también indican su preocupación por la jardinería. «Cuando cribemos la tierra y demos con semillas, sabremos más detalles», avanza.

RESTOS HUMANOS

Durante las excavaciones se han encontrado restos de unas veinte personas en el 'encajonado' de piedra, una cuadrícula de sepulcros que se extendía como un tapiz en el subsuelo del edificio. Allí se han encontrado monedas, rosarios y botones. «No son demasiados cuerpos, aunque también se han hallado huesos mezclados con las tierras que se han removido -aclara el arqueólogo-. En el siglo XIX se vaciaron casi todos estos enterramientos para trasladar a los difuntos a cementerios fuera de las iglesias, por eso no hay más». Esta medida se tomó para evitar que los lugares de culto fuesen un foco de epidemias que luego los fieles extenderían por la ciudad. Por eso, el convento de San Francisco habilitó el primer camposanto al aire libre de la ciudad. Probablemente, muchas de las osamentas -«de nobles y frailes, pero también de gente menos pudiente»- acabaron en la necrópolis de Mallona, que se convertirá en un parque en 2017 tras décadas de abandono.

¿INDICIOS MEDIEVALES?

Si la aparición de restos del siglo XV ya ha sido calificada por los expertos de hallazgo «importante», la posibilidad de que bajo estas ruinas hubiese indicios de alguna construcción de la Edad Media puso los dientes largos a los arqueólogos, dada la escasez de vestigios de esta época en Bilbao. «Al encontrar algunos muros que no responden a la estructura que estudiamos ahora, hemos barajado dos posibilidades: que correspondan a la primera etapa de construcción del convento o que pertenezcan a un edificio anterior propiamente medieval -explica-. Actualmente, nos inclinamos más por la primera opción y tendemos a pensar, si no aparece nada que lo desmienta, que se trata de una estructura primitiva que luego se amplió y dio lugar al conjunto».

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