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Política

descubierta gracias a las cámaras de seguridad
ETA intenta una matanza de ertzainas con una bomba trampa en los juzgados de Getxo
Los fallos de los terroristas evitaron que estallasen un artefacto que servía de cebo y un segundo con metralla, colocado para asesinar a los agentes
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ETA intenta una matanza de ertzainas con una bomba trampa en los juzgados de Getxo
Dos ertzainas retiran el explosivo de la bomba trampa. / FOTOS: LUIS CALABOR Y PEDRO URRESTI
ETA intentó ayer cometer una masacre de ertzainas en los juzgados de Getxo, donde colocó dos bombas, avisó de la presencia de una de ellas y ocultó la existencia de la segunda. Este artefacto estaba compuesto de tres kilos de amonal y varios kilos de tornillería preparados como metralla. Si no se hubiera producido un fallo en los mecanismos de detonación, varios ertzainas -y quizás los bomberos y sanitarios que hubieran acudido al edificio- habrían resultado alcanzados por la explosión.

Según un experto en la lucha antiterrorista, desde la ruptura de la tregua, hay tres condicionantes que han evitado que ETA cometa un asesinato: la actuación de las fuerzas de seguridad, los propios fallos de los terroristas y la suerte. En el caso de Getxo, los errores de los etarras y la fortuna fueron claves a la hora de impedir que la banda cometiera su primer asesinato tras la ruptura oficial de la tregua, en junio de este año.

Los terroristas habían preparado una trampa simple y, por lo tanto, muy difícil de evitar. Alrededor de las cinco de la mañana, dos activistas se acercaron a la escalera de acceso del edificio que acoge los juzgados de Getxo, en las cercanías de la comisaría de la Ertzaintza y el Ayuntamiento de la localidad. Los dos etarras subieron los peldaños a toda velocidad y colocaron una mochila muy cerca de la puerta. Sin dejar de caminar de forma apresurada, se dirigieron a una papelera situada a escasos metros. Allí escondieron un segundo paquete.

En la mochila habían dejado una bomba con cinco kilos de cloratita, introducidos dentro de una olla. Este artefacto estaba previsto para que estallase a las seis y media de la madrugada. El segundo artilugio, escondido en la papelera, contenía tres kilos de amonal y varios kilos de tornillería que debían haber servido como metralla. Su temporizador estaba conectado para veinte minutos después de la primera explosión. El plan etarra implicaba que esta bomba -en la que el amonal había sido reforzado con cordón detonante y por lo tanto era más potente- estallara mientras los agentes se acercaban a las escaleras del juzgado para examinar los daños. Eso hubiera desencadenado una tormenta de metralla sobre los ertzainas de muy graves consecuencias.

Según señaló ayer un mando de la Policía vasca, la bomba habría causado heridas mortales a los agentes que acudiesen a realizar su trabajo, pero también a los Bomberos que se hubiesen acercado a examinar los daños, a los trabajadores de las ambulancias que podrían haber llegado si alguien hubiera resultado herido o a cualquier vecino que se hubiera aproximado hasta el lugar de la explosión.

Zona acordonada

Pero nada funcionó como ETA había previsto. El primer paso de la trampa fue una llamada realizada en nombre de la banda desde una cabina de teléfonos de la cercana localidad de Berango. A las seis de la mañana, una voz anónima anunció que en media hora iba a estallar una bomba en los juzgados de Getxo. Los patrulleros se dirigieron a toda prisa al edificio judicial y procedieron a acordonalo. Justo en la puerta, era visible la mochila que debía contener el artefacto.

A las seis y media no se produjo ninguna explosión. Los artificieros dejaron pasar el tiempo. Más patrullas se acercaron a la zona y un agente llegó a examinar un contenedor cercano. Ertzainas con perros adiestrados para detectar explosivos inspeccionaron el área en busca de nuevos elementos sospechosos sin que los canes detectaran nada extraño Nadie miró la papelera con la carga letal de metralla. Pero la bomba que debía haber segado la vida de los agentes, tampoco estalló.

Alrededor de las nueve de la mañana los expertos consideraron factible acercarse al explosivo para intentar neutralizarlo. Para ello, emplearon un robot teledirigido. Con este dispositivo realizaron una pequeña explosión controlada y luego consiguieron desactivar la carga.

Los artificieros tomaron el explosivo -cinco kilos de cloratita- y se marcharon de allí para neutralizarlo en un descampado de la base alavesa de Berroci. Mientras tanto, los investigadores de la Ertzaintza reclamaron las cintas de las cámaras de seguridad de los juzgados para examinarlas. La segunda bomba continuaba sin ser descubierta.

A lo largo de la mañana, decenas de personas circularon al lado de la papelera que escondía el artefacto cargado de metralla. El consejero de Justicia, Joseba Azkarraga, y el alcalde de Getxo, Imanol Landa, ofrecieron incluso una rueda de prensa improvisada a escasos metros de la bomba. A las dos de la tarde, los ertzainas que habían requisado las cintas de video pudieron ver en un monitor de televisión cómo los dos etarras colocaban la mochila en la puerta del juzgado. Pero también contemplaron cómo, tras dejar el artefacto, no se marchaban sino que depositaban un segundo paquete en la papelera.

Los investigadores avisaron con urgencia a los ertzainas que permanecían en los juzgados. Uno de ellos, de paisano, pidió prestados los guantes a un técnico de televisión de un equipo de periodistas que no se había marchado aún del lugar y rebuscó en la papelera. El policía comprobó que allí adentro había un objeto pesado y, con calma, empezó a pedir a la gente que se alejase. Una hora después, los artificieros comprobaron que se trataba de una segunda bomba y consiguieron desactivarla. Al igual que en el primer artefacto, un fallo del montaje había impedido la explosión. El error de los terroristas y el azar habían evitado esta vez que ETA tiñera de luto las calles de Euskadi.
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