
Nada más llegar, se percataron de que el accidente no había terminado en tragedia por un golpe de fortuna. Vieron descender a algunos viajeros, todavía «con el nerviosismo en el cuerpo», por la puerta de la primera unidad y decidieron entrar en el convoy «por si había alguno grave» que no pudiese salir por su propio pie.
«Una chica que viajaba en el primer vagón y otra persona han sufrido un pequeño ataque de histeria, pero los demás parecían no tener nada», describió Mariví Izagirre, una de las empleadas de la serrería. Minutos más tarde, tras comprobar que entre los pasajeros no había nadie grave, comenzó la revista a los daños materiales. Al ver la espeluznante estampa del camión estampado contra el tren, la trabajadora no pudo evitar pensar que «sólo un milagro» había evitado la catástrofe: «Mira la cabina, sólo hay que ver cómo ha quedado para darse cuenta».
Todavía estupefacta, Mariví declaró que, en los diez años que lleva en la empresa, «nunca había sido testigo de un percance en este paso a nivel». Un técnico de la entidad ferroviaria fue más allá y apuntó que él no tenía conocimiento de ningún incidente en ese punto, al menos, «en los últimos veinticinco años». Aun así, algunos trabajadores de la serrería prefieren dejar su coche al otro lado de la catenaria y cruzarla andando «para evitar el peligro y no tener que estar esperando a que pase el convoy», explicaron.
Lo que no ese explica Mariví es qué pudo pasar ayer para que el conductor del camión invadiese la vía a la llegada del tren, porque, según asegura, en el paso a nivel hay una señal acústica que se percibe «perfectamente».









