Marc Ford hizo rock sureño, a veces palúdico onda Tony Joe White, otras con el embate de los Black Crowes y bastante a menudo con la pena existencial de Neil Young. Ante el sonido contundente y tal fidelidad a la tradición, el público -joven y no tanto- se dejó llevar por una marea prolongada en dos bises: el primero con guiño a ZZ Top y el otro a Chuck Berry.









