Hoy, en una sociedad en la que cuando te retiras profesionalmente de un sector desapareces o te vuelves invisible, Salarich sigue siendo un punto de referencia en la mayoría de las conversaciones relacionadas con el motor.
A ella, en estos tiempos difíciles, siguen poniéndola como ejemplo por la agresiva estrategia comercial que implantó en Citroën. No olvidemos que en el momento de su despedida esta marca ocupaba el número uno en venta de vehículos, después de desbancar a Renault, su máximo rival.
Ha sido, sin lugar a dudas, la ejecutiva española de mayor proyección y experiencia de nuestro sector, a nivel internacional.
De ahí que a nadie extrañe su actual destino. Es la directora general de la Fundación Ramón Areces. Los que la situaban desde el principio en el entorno de El Corte Inglés, acertaron.
Lo que nadie podía imaginar es que el cargo que le iba a tocar ocupar le viniera que ni pintado. Su sentido de la responsabilidad, diplomacia y discreción -valores fundamentales de la emblemática cadena de distribución española-, unidos a su experiencia y calidad humana, no pasaron inadvertidas para Isidoro Álvarez, el sucesor del fundador de la cadena de grandes almacenes. Ahora le toca gestionar la mayor fundación benéfico-cultural del país.
La promoción de becas y ayudas para la investigación económica, científica, técnica y las actividades docentes y culturales será la nueva tarea. Algo que, como siempre, bordará a base de puntadas de resultados, resultados y resultados.









