Gallardón, que es un alcalde con tirón, se equivoca. Si no ve responsabilidad política es, seguramente, porque no examina el tema con los anteojos adecuados. Lo que no parece haber, por el momento, es responsabilidad penal entre los cargos políticos del Ayuntamiento, vale decir los concejales (y las concejalas) y los cargos (y las cargas, claro) de libre designación. Pero claro que hay una responsabilidad política que dimana de lo que, según todas las trazas, es una 'culpa in vigilando'.
Éste es un asunto muy notable que venía arrastrándose, al parecer, durante los dos últimos años, en el que estaban implicados 16 funcionarios y por el que han pasado187 ciudadanos, víctimas y cómplices de la trama al mismo tiempo. Cuesta creer que entre esos 187 sólo hubo uno al que le pareció un escándalo que quisieran cobrarle la mordida y planteó denuncia.
Claro que hay responsabilidad política, tiene razón el PSOE en esto, pero llama la atención que el ministro del Interior y Álvaro Cuesta, tan diligentes ayer, no sacaran las mismas conclusiones en Marbella o Ciempozuelos, donde también había de la otra.
Alberto Moravia, que con la edad y una mujer que podría ser su nieta, había llegado a desarrollar un admirable sentido cínico de la vida, escribió que la familia es la gran escuela de la delincuencia moderna. Quizá, pero sólo si se entiende escuela como el lugar en el que se imparte la enseñanza primaria. El postgrado se imparte en los ayuntamientos.







